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15 de maig 2009

Finales futbolísticas, protestas ciudadanas y censuras televisivas. Article d'Opinió de Salva Lopez Arnal a Rebelion

Portada :: España :: Opinión
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf15-05-2009

Finales futbolísticas, protestas ciudadanas y censuras televisivas



Avergonzados cuando no horrorizados por el mundo empresarial, financiero y mediático que rodea al mundo del fútbol; enrabietados por declaraciones que incitan a la violencia en el campo de juego y por bandas subvencionadas de extrema derecha que campan a su aire en canchas y despachos; hastiados de que el fútbol se haya convertido -o siga siendo- primer tema masculino de conversación cuando no primera preocupación ciudadana hispánica; agitados de que problemas sociales y enfrentamientos de clase se disuelven fantasiosamente en coincidencias de colores y banderas; sudorosos de rabia y en alta tensión ante el comportamiento incívico, chulesco y agresivo de algunos aficionados,… la lista es larga, a pesar de ello, a pesar de todo ello, muchos culés (mea culpa: mi tío cenetista me llevaba de pequeño al Camp Nou), y algunos amantes del buen fútbol, no podemos dejar de confesar que estamos maravillados ante el juego usualmente desplegado por el equipo dirigido por Pep Guardiola, un joven y prudente entrenador que leía, y creo que sigue leyendo con devoción, la poesía de aquel enorme poeta y ciudadano obrero simpatizante del PSUC que se llamaba Miquel Martí i Pol. Ayer en la final con el Atlético, el Barça dio muestras de ello, de su juego espléndido, innovador en ocasiones, bien organizado y magníficamente realizado, sin ocultar claro está que durante media hora, la tercera parte del partido, el Atlétic fue claramente superior y eso no es fácil cuando se tiene enfrente un equipo que es más bien un equipazo, pletórico en el día de hoy de recursos e inteligencia.

Pero no es eso, no fue eso lo esencial de la noche.

Lo esencial tiene que ver con el llamado himno nacional y con la institución que rige el Estado.

Cuando aparecieron los máximos representantes del Reino de España en el palco de Mestalla y sonó el himno "nacional", una parte sustantiva de la ciudadanía asistente, la vasca especialmente, irrumpió en silbidos y en manifestaciones políticas contrarias a la Monarquía. La TV1, la televisión pública como dicen llamarse, la de todos según publicidad de la casa, no fue de todos ni pública y desconectó, se alejó de lo que estaba sucediendo, e informó sobre la situación en no sé qué hotel de Bilbao o en no sé qué plaza de Barcelona. En el intermedio del partido, según parece, no llegué a verlo, pasaron en diferido, y sin manifestaciones de protestas, el momento de la entrada real y del himno.

Por la mañana, en algunas emisoras (no en la COPE forzosamente), se han referido a lo sucedido, sin criticar la censura de imágenes sino cargando de mala manera y con malos modos contra los "descorteses y gárrulos fanáticos" que se atrevían a silbar el himno de España y a criticar la monarquía desde instancias nacionalistas radicales y anti-sistema (Obsérvese de nuevo el uso de términos, que en absoluto pueden ser considerados negativos, como hirientes piedras arrojadizas).

Pues bien, habrá que decirlo una vez más: desde posiciones que no son nacionalistas ni aspiran a serlo, algunos no podemos dejar de sentir lo mismo que manifestaban los seguidores que asistieron ayer al campo de Mestalla. El denominado himno nacional, el tanta tatanta, el pachunga pachunga, no es ni será nunca para nosotros un símbolo que represente nuestra pertenencia a eso que Salvador Espriu llamaba con término bien hallado Sepharad, su pell de brau. Las gentes de mi generación, los que teníamos en torno a 20 años el año en que murió el general golpista, no podemos ni queremos evitar que cuando suena ese himno suene la melodía que acompañó 40 años de dictadura nacional-católica levantada sobre una guerra nazi-fascista, millares de exiliados, centenares de miles de muertos y desaparecidos y millones de personas ocultadas y perseguidas que vivían en una finca privada que de nuevo era el corral de 500 terratenientes, 1.000 industriales, 100 generales, 200 cardenales y 20.000 señoritos. No lo era entonces, decía, y no lo es ahora. Que sus orígenes no sean estrictamente franquistas sino Reales no es propiamente un argumento sino un item que aumenta nuestra lejanía de esa marcha. El único himno estatal en el que nos reconocemos era y sigue siendo el Himno de Riego, el himno de la II República (Ibidem respecto a enseñas y banderas).

Por lo demás, nada nos aproxima a una institución que, como era de prever, como estaba cantado desde el día de su Restauración, es un escándalo político, financiero, un ámbito de privilegios y servilismo, una arista activa para situar a las gentes rebeldes en un coto cerrado y perseguido y un espacio en el que la ideología del Opus dicta opiniones y creencias.

Algunos aficionados, pues, silbaron el himno monárquico-franquista y criticaron los representantes de la Monarquía borbónica. Muchos otros, sin estar en el campo, entendemos esas manifestaciones ciudadanas y las compartimos, y creemos además inadmisible la censura televisiva a la que fueron sometidas. ¿Ha quedado claro? ¿Me he explicado? ¿Pasa algo?






04 de maig 2009

artículo en ELPAIS.com. Lunes, 4 de mayo de 2009

ELPAIS.com title=
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08 d’abril 2009

ENTREVISTA A PEDRO GALLARDO: EL MIRALL MARÇ'09


Pedro Gallardo se’n va a Melilla, on va nèixer l’any1952. Va venir a Santa Coloma al 1978 per fer de mestre a l’antic Nicolàs Longarón,del que va ser director i al qual va ajudar a canviar el nom pel de Can Zam.Home d’esquerres, delPSUC, d’Iniciativa i ara d’EUiA, va decidir viure la política des de el moviment veïnali rebutjant entrar a les llistes que l’haguessin fet regidor.Va ser president de la FAVGRAM tot i creure que aquesta fedració no era el que necessitava la ciutat.“Torno a casa perquèsempre vaig voler-ho així i perquè no tenir fills m’ho fa fàcil; però mai deixaréde tenir arrels aquí”. He donat a la ciutat el que he pogut. Vaig venir humild, me’n torno humild”.







Tenia clar que tornaria a la seva terra els darrers anys dela seva vida professional. Per a ell, aquest és el darrer curs al col·legi Primavera, on dóna classes. "L'ensenyament a la ciutat perd qualitat a passos gegantins, la manca de planificació de la Conselleria i de l'Ajuntament ens ha dut a una realitat queconfiguren aules massificades i amb presència d'alumnes de moltes nacionalitats diferents. I no hi ha recursos per atendre-ho en condicions. Estem maleducant una generació denens i això pot passar-nosfactura".Pedro Gallardo és contundenti clar quan explica les seves idees. D'esquerres de sempre i girant cada cop més en la cerca d'un comunisme democràticen el que creu. "Vaig poder entrar en un bon lloc a les llistes de Lluís Hernándezal 87; però no hem vaig trobar madur. Tot i que aleshores vaig deixar la direcció del col·legi deprimit per no haver acceptat,ara no me'n penedeixo".Políticament, creu que els millors anys han estat els dos primers mandats d'Hernández."La darrera legislatura va tenir molta gent del seu equip que li va fer el llit. El temps de Manuela el definiria com el d'un populisme maternalista i el de Bartu com de populisme plutocràtic.Aquest alcalde creu que som súbdits i que hem de rendir-li pleitesia".

A partir del 1991, la seva manera de fer política es va centrar en el moviment veïnal.Va estar a Can Franquesa, toti que ell viu a Singuerlín. "Això alguna gent no ho va entendre mai". Eren uns temps en què les AAVV ja havien perdut força, fins hi tot va ser crític quan es va fer el pas de la Coordinadora a la FAVGRAM."M'hi vaig oposar perque no hi veia clar, i encara no ho veig. I no hi veia llibertat. El món veïnal no te visió global i està molt dominada pel poder".Pedro Gallardo critica que cada AVV tingui un territori i que "no vegin més enllà,Santa Coloma d'una manera més global". Tot i així presidi la FAVGRAM quatre anys, fins que "ho vaig deixarj o perquè vaig veure que no hi havia res a fer".Al 2006 s'hi va tornar a implicar;però "vaig amb pena de com està tot, no li veig sortida.El Consell de Ciutat,per exemple, és un altre guirigall, no val per a res, ni valdrà mentre només sigui un òrgan consultiu".

De fet, per a aquest mestre que s'estima la ciutat "el model de participació de l'alcalde està fet a la seva mida,no es el que per ideologia creiem la majoria. Ell no vol que la gent s'impliqui,ho dona tot fet i això no es planificació. Al·lucino quan desprès donen a la ciutat premis internacionalsper la participació ciutadana".La base de tot està en què la gent "no sap reaccionar".Pel Pedro, el ciutadà hauria de "creure's que és més que un vot, que té dret aparticipar. Però els polítics que ens manen s'han dedicar a adormir al ciutadà".Considera que la ciutat no té clar que vol ser perquè "el PSC no té un model definit,fa les coses a salt de mata i ha optat pel totxo i l'economia i així no ens en sortirem".





02 d’abril 2009

CRÒNICA DEL PLE MUNICIPAL DE 30-03-09. DE PERE DE LA FUENTE

El 30 de març de 2009, a les 19 h, a l’Ajuntament de Santa Coloma de Gramenet es va fer una sessió del ple municipal amb assistència de 27 regidors. El públic omplia els menys de quaranta seients de la sala, i hi havia moltes persones dretes als passadissos.
L’alcalde, el senyor Bartomeu Muñoz i Calvet, va presidir la sessió i es va passar un bona part del ple, que va durar poc més d’una hora, xerrant en privat amb els seus companys de taula presidencial (amb a senyora Carme Moraira i amb el senyor Joan Carles Mas). Hi ha moltes maneres de manifestar la falta de respecte i la prepotència, en la sessió del Ple de l’Ajuntament del 30 de març, el públic que estava dret i l’oposició d’esquerres va patir un ampli repertori d’aquesta falta de respecte.
El Grup Municipal d’ICV-EUiA havia presentat dues mocions: una explicada per Àngel Pla (EUiA), sobre la República, i una altra explicada per Siscu Sánchez (ICV), sobre l’energia nuclear.
Els grups municipals Socialista i Popular es van mostrar harmoniosament contraris a ambdues mocions i, en el cas de la moció sobre l’energia nuclear, la regidora Begoña Bellette del Grup Municipal Socialista, va presentar una moció alternativa sobre el mateix tema.Les coincidències entre els grups municipals Socialista (que governa en solitari amb majoria absoluta) i el Popular (formalment a l’oposició amb 4 regidors) en contra del Grup Municipal d’ICV-EUiA (de 4 regidors) a Santa Coloma de Gramenet crec que són significatives.
El mateix dia que el PP i el PSC de Santa Coloma de Gramenet coincidien a rebutjar totes les mocions d’ICV-EUiA, es feien públiques al País Basc les "Bases per al canvi democràtic al servei de la societat basca" signat pel PSE-PSOE i el PP, que consolida una política de fronts (nacionalistes espanyols contra nacionalistes bascos).
Vides políticament paral·leles són les de Bartomeu Muñoz, representant del sector més dretà, anticatalanista i prepotent del PSC-PSOE; i Patxi López del PSE-PSOE nacionalista espanyol de dretes moderades, que no té cap inconvenient a pactar amb un altre partit nacionalista espanyol d’extrema dreta (PP) per aturar els plans d’euskaldunització i fer impossible qualssevol actuació política democràtica d’esquerres al País Basc.
A Santa Coloma de Gramenet el PSC-PSOE del senyor Bartomeu Muñoz amb la seva majoria absoluta no té, actualment, necessitat de pactar amb l’extrema dreta del PP per fer una política municipal de dretes i una política lingüística que resulta difícil diferenciar-la de la que faria el PP de Catalunya.
Woody Allen deia que els diners no donen la felicitat, però que la sensació que donen és tan similar que només els grans experts saben diferenciar-la. Igual de difícil és diferenciar en la pràctica la política municipal del PSC del senyor Muñoz i la del PP de la senyora Sáez.
Quan el senyor Bartomeu Muñoz i Calvet respon en castellà a preguntes fetes en català, quan diu que ho fa en ús de la seva llibertat, quan no fa cas dels precs d’un professor de secundària perquè parli en català a alumnes de Santa Coloma de Gramenet (i no vol explicar per què), quan les seves intervencions públiques orals i escrites (L’Ajuntament informa...) són pràcticament totes en castellà..., s’ha de ser un gran expert per trobar diferències entre la senyora M. Carmen Sáez Belver, presidenta del Grup Municipal Popular (o el senyor Aleix Vidal Quadras) i el nostre alcalde Bartomeu Muñoz i Calvet.

Salut i república, Pere de la Fuente

24 de març 2009

CRISI I POLITICA. ARTICLE D'ÀNGEL PLA A EL MIRALL

Fer front a la crisis, no és una tasca fàcil. Més quan les columnes sobre les que es sustenta el sistema no es volen canviar, així les receptes que s'apliquen són per minimitzar els efectes, suavitzar-los i per evitar esclats de lluita social que podrien esdevenir. Si els poderosos, els capitalistes, tenen por d'una cosa és de la seva seguretat, de no poder gaudiren "llibertat" dels cotxes de luxe, de les seves terceres o quartes residències, dels viatges en first class…
Aquest és el motiu pel que quan les coses no els van bé,guanyen menys del que pensaven,apliquen receptes keynesianes.És adir, giren la vista cap a l'Estat i el fan corresponsable de l'atur que poden originar. Li demanen que faci inversions publiques, que els atorgui crèdits tous, que els alliberi dels impostos que els toca pagar. Però quan hi ha bonança econòmica, són "neocons",apliquen las teories antiintervencionistes de Adam Smith: "laisser faire, laisser passer"(deixar fer, deixar passar).
L'Estat esdevé el salvador dels capitalistes, però amb els diners dels contribuents, dels treballadors/es que no fan evasions fiscals, ni cerquen paradisos fiscals pels estalvis. La contribució relativa a la Hisenda Pública és menor si comptem tots els guanys de l'economia i la forma en què està redistribuïda.
A més, els capitalistes demanen als treballadors/es que facin un esforç d'austeritat en les revisions salarials,que perdin poder adquisitiu,que siguin indulgents amb les mesures anticrisi. El que importa és salvar els immensos patrimonis i els càrrecs amb sou blindat. Si cal pujar el 31% la llum, es puja.De fet, les companyies elèctriques van ser gairebé regalades pel govern Aznar.Les crisis cal preveure-les, defet en el sistema capitalista són un fet intrínsec del mateix i això es fa sobretot mitjançant la protecció dels més febles, mitjançant polítiques públiques que desenvolupin serveis públics de qualitat i a l'abast de tothom, pensions dignes, salarisi estabilitat en l'ocupació i sobretot una estructura productiva basada en una economia real.Si ens fixem, a la nostra ciutat,la recepta no s'ha complert.
Ans al contrari, populisme electoralista enlloc de millorar l'educació, saturació a la sanitat pública, manca de polítiques de xoc per generar interculturalitat i arrelament social dels nouvinguts, serveis socials amb llistes d'espera eternes i el "totxo" com a unitat monetària de l'economiacolomenca.
La política és digne si dignifica les condicions de vida dels ciutadans/es, i és perversa si es converteix en una subhasta dels recursos disponibles.

06 de març 2009

ARTICLE D´OPINIÓ DE JORDI MIRALLES A LA VANGUARDIA: `Hablemos de democracia´


ARTICLE D´OPINIÓ DE JORDI MIRALLES A LA VANGUARDIA: `Hablemos de democracia´


EUiA se ha convertido en sparring para algunos articulistas de La Vanguardia.Tergiversan, se excitan y se rasgan las vestiduras si diputados de izquierdas van a manifestaciones que no son - a su entender-políticamente correctas, es decir, las que ellos no apoyan. Ambos utilizan la técnica de repetir mentiras y acusaciones infundadas para que se conviertan en verdades. Sin ningún rubor sitúan el debate entre totalitarios y demócratas asignándose ellos esta última condición y atribuyendo la primera a la izquierda alternativa.

Nuestros flageladores nos atribuyen desde el cáncer del totalitarismo hasta el hecho grave, muy grave si fuera cierto, de no tener conciencia. Nos quieren dar lecciones de democracia sólo que al hacerlo se olvidan de que él y ella sólo aceptan como democracia su democracia, como libertad su libertad y como razón su desvarío.

Hablemos pues de democracia sin cortapisas ni coartadas. Hablemos de democracia en profundidad y en tiempos de crisis, advirtiendo a yuppies dogmáticos del pensamiento conservador, que EUiA va más lejos de los acartonados y bien domesticados límites de la democracia formal. La democracia debe extenderse también a las decisiones económicoproductivas y financieras.

Hablemos de lo que no se dice: la democratización de la economía y de la economía al servicio de las personas, pues la crisis capitalista ha puesto en cuestión el modelo político y económico vigente. Superar la división entre economía y política, tan neoliberal, permite saltar los márgenes según los cuales la democracia es un concepto institucional y debe permanecer, por tanto, confinado sólo al ámbito político.

Los defensores de la democracia disminuida subvierten conceptos. Y, casi siempre, para deslegitimar a la izquierda Cuba es el recurso. Los que claman contra mi solidaridad con Cuba, en éste periódico, son los mismos que defienden al genocida Israel y hacen la vista gorda a sus agresiones contra los palestinos, sus violaciones de los derechos humanos y sus crímenes de guerra. Impasibles ante la masacre de niños palestinos, desprecian los bajos niveles de mortalidad infantil en Cuba. Miran a Israel y nada es criticable, miran a Cuba y no ven nada encomiable. ¿Cuál es la razón?: Cuba es una china en el zapato del imperialismo, mientras que Israel es su arsenal y plataforma militar en una zona clave de los recursos energéticos.

Cuba, a pesar del acoso y el bloqueo de EE. UU., ha sido capaz de conseguir un desarrollo humano con niveles muy superiores a los de su entorno y a los de la mayoría de países del mundo, especialmente en salud, educación, empleo, esperanza de vida y baja mortalidad infantil. Véanse los informes anuales del Programa de la ONU para el Desarrollo y hablemos pues, también, de democracia económica, un concepto más familiar en Cuba de lo que puede resultar a algunas estrechas entendederas.

Yo he criticado la pena de muerte en Cuba y, evidentemente, no es la perfección de la democracia, pero tampoco hay muchos países que estén en condiciones de darle lecciones. Y, en las relaciones internacionales, también los gobiernos son lo que hacen. Miren qué hace Israel y Cuba con otros pueblos. Unos dejan a los palestinos sin tierras, les encierran, les bloquean, les bombardean, les queman con fósforo blanco. Cuba comparte lo que tiene, inunda países de médicos y maestros.

EUiA seguirá siendo solidaria con la revolución cubana. EUiA seguirá comprometida en que las personas y sus necesidades sean el centro de la política, y en una economía democratizada, porque el capitalismo ha tomado el mal hábito de actuar en la sinrazón, ejerciendo una nueva dictadura de las necesidades y una manipulación refinada que acaba por deshumanizar la sociedad.

La crisis económica está demostrando que el dilema del mundo globalizado es capitalismo o democracia con mayúsculas. Hablemos, pues, de democracia en toda su extensión: política, social y económica. Hablemos, sin insultos ni prepotencias, de la democracia sin muletas ni fronteras.

Jordi Miralles i Conte, coordinador general d´EUiA

Article publicat a `La Vanguardia´ dijous 5 de març 2009

DEBAT A L'AGORA TV3: TORNA MARX?

Vídeo del debate "Crisi del capitalisme: torna Marx?" en el programa Àgora de la televisión catalana TV3 entre Francisco Frutos (secretario general del PCE), Miren Etxezarreta (catedratica de Economía Aplicada de la UAB), José María Carrascal (periodista) y Joaquim Trigo (doctor en Ciencias Económicas y Empresariales y director ejecutivo de Foment del Treball)



26 de febrer 2009

La isla de Pascua y el colapso global Articulo de Opinion de ENRIQUE GIL CALVO EN EL PAIS


TRIBUNA: ENRIQUE GIL CALVO
La isla de Pascua y el colapso global



El destino inmediato del capitalismo liberal, que se precipita en caída libre hacia la implosión de un agujero negro impulsado por el continuo agravamiento de su crisis sistémica y fatalmente atraído por el succionante maëlstrom de un ominoso colapso global, exhibe fascinantes paralelos con la súbita extinción de la cultura de los moaís que tuvo lugar en la polinesia isla de Pascua. Me refiero claro está a esas célebres estatuas gigantes, cerca de 900 en total, que hoy admiran a los turistas en un páramo perdido, árido y casi desierto a miles de kilómetros de las costas vecinas. Pues bien, esos impresionantes moaís fueron erigidos con fines ceremoniales por una floreciente civilización que se embarcó en un proceso de crecimiento acelerado cuyo cenit culminante se alcanzó en el siglo XVII de nuestra era, para precipitarse a partir de ahí (1680) en una vorágine de autodestrucción colectiva que acabó con la civilización de Pascua justo antes de la llegada de colonizadores europeos.

La especulación financiera e inmobiliaria agota los recursos productivos de la economía real
El keynesianismo 'light' a lo Obama parece predestinado a fracasar
El mejor relato de esta tragedia cultural se contiene en un libro de obligada lectura, Colapso (2005), del geógrafo evolucionista Jared Diamond, que la utiliza de pedagógica ilustración (entre otras extinciones análogas, como la de los mayas del Yucatán o los vikingos de Groenlandia) para explicar cómo la intensificación de la competencia por los recursos puede acabar con el suicidio colectivo de los competidores. Para ello Diamond recurre a la llamada "tragedia de los bienes públicos", propuesta por el biólogo Russell Hardin en 1968, que predice el agotamiento de los ecosistemas a partir de un cierto umbral de explotación. Pero la originalidad de Diamond reside en que, pese a ser un ecologista reconocido, deduce que la causa última del colapso no es biológica sino social. Lo que hace al sistema inviable y le fuerza a colapsarse no es la escasez de los recursos (según el argumento maltusiano) sino el exceso de su explotación, como un efecto sólo derivado de la escalada social de la competición. Los diversos clanes de Pascua se embarcaron en un juego colectivo de prestigio ostentoso donde todos pugnaban por superar a los demás en la erección de moaís, para lo que no dudaron en agotar el bosque del que extraían la madera para transportar las piedras a edificar. Y al escasear la madera dejaron de producir canoas con las que pescaban su principal fuente de proteínas. Pese a lo cual siguieron erigiendo moaís cada vez mayores hasta que ya no pudieron hacerlo más. Entonces los golpistas tomaron el poder, estalló la guerra civil y la isla de Pascua se desangró hasta extinguirse.
Pues bien, el paralelo que les propongo con la actual deriva de la crisis global resulta transparente: los moaís son las burbujas especulativas que erigen nuestros clanes estatales y empresariales,unos moaís hechos de especulación financiera e inmobiliaria que, al adentrarse en una escalada de intensificación de la competencia, no tardan en agotar los recursos productivos de la economía real.
Véase si no el deprimente ejemplo que dan esas ciudades vacías de la costa mediterránea (Manilva) o la periferia madrileña (Seseña), auténticos moaís desiertos y abandonados por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Y al igual que los isleños de Pascua se endeudaron a muerte agotando sus fuentes de subsistencia para erigir sus moaís, también para erigir sus apalancadas pirámides especulativas nuestros isleños del capitalismo liberal han esquilmado el suelo público, el crédito solvente, el empleo productivo y el tejido empresarial, encaminando al sistema a un colapso colectivo.
¿Cómo detener e invertir esta deriva autodestructiva? ¿Qué escenarios de salida cabe imaginar para esta continua escalada de la crisis global? Jared Diamond señala que, cuando se entra en una espiral de competición intensificada, sólo hay dos medios de evitar el colapso colectivo: la autolimitación de los competidores o el racionamiento impuesto por el poder público. Dos soluciones que equivalen a la autorregulación de los mercados y a la intervención keynesiana del Estado. Pero cada una de ellas excluye a la otra, mientras que hoy se siguen intentando ambas a la vez, por lo que no sabemos todavía cuál de ambas se impondrá a la larga. Así que hagamos un poco de ciencia-ficción y especulemos sobre las cuatro posibles salidas de la crisis.
La primera es la salida liberal que proponen los poderes financieros globales respaldados por los organismos internacionales como la UE, el FMI o la OCDE: una crisis intensa y aguda, que durará dos o tres años hasta que se complete el proceso de desapalancamiento con altísimos costes sociales, tras lo que se iniciará una lenta recuperación que dará paso a un nuevo proceso estable de crecimiento autosostenido, eventualmente susceptible de abrir nuevas fuentes de negocio convertibles en moaís (pirámides o burbujas especulativas). Este escenario cíclico implica mantener intacto el sistema de mercado, quedando relegado el Estado keynesiano a un papel meramente accesorio, servil y transitorio, tras cuya excepcional intervención se restaurará la dominación absoluta del mercado global. Pero esta salida es de incierta probabilidad porque el keynesianismo light a lo Barack Obama parece predestinado a fracasar, ya que los mercados libres no se pueden gobernar, siendo como son un orden espontáneo. La mano visible del Estado puede regularlos variando su estructura de incentivos pero no puede imponerles normas ejecutivas, pues cuando intenta hacerlo la mano invisible del mercado reacciona generando un desorden espontáneo como el actual.
Así llegamos a la segunda salida previsible de la crisis, que es el colapso definitivo de los mercados tras el fracaso del keynesianismo light, lo que obligará a los Estados a una intervención hardcore mediante nacionalizaciones masivas de la banca y de las empresas en quiebra con el posible cierre de las Bolsas. Esta salida estatal implica la supresión o al menos la suspensión de los mercados libres, que quedarán sustituidos por un proteccionismo mercantilista (colbertismo) de estilo chino e inspiración prusiana. Pero con ello se anula la virtualidad de los ciclos económicos, y la crisis deja de ser un punto de inflexión entre las fases recesiva y ascendente para convertirse en un estado estacionario de estancamiento en forma de L (ramal descendente de caída en picado seguida de una duradera depresión lateral).
Pero si la depresión se eterniza, la salida estatal o proteccionista agravará extraordinariamente el clima de conflictividad social. Y entonces comenzará a ser posible y quizás probable la tercera salida, que podemos llamar violenta: bélica o incluso revolucionaria. Al fin y al cabo, el colapso de la isla de Pascua terminó en un baño de sangre, y lo mismo ocurrió con la depresión económica de los años treinta, cerrada con el crepúsculo de los dioses proteccionistas.
Confiemos en que la memoria histórica nos enseñe a evitar lo peor y nos permita aprender a buscar otra salida menos autodestructiva. ¿Cuál podría ser ésta? Queda una cuarta posibilidad, al menos teórica por improbable que sea, y es la de convertir la actual crisis de los mercados en una verdadera crisis del sistema, eventualmente capaz de dar a luz un nuevo modelo de sociedad. Una sociedad sostenible y ya no basada en el depredador capitalismo neoliberal, que de ciclo a ciclo y de burbuja en burbuja está conduciendo al planeta a un inminente colapso como el de la isla de Pascua, ahora masivamente amplificado a escala global.
Enrique Gil Calvo es profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

25 de febrer 2009

Tahúres, ciclos formativos, guapos y listos, y clases sociales. ARTICLE DE SALVADOR LOPEZ ARNAL

Tahúres, ciclos formativos, guapos y listos, y clases sociales
Salvador López Arnal
Para Alexandre Carrodeguas
No sé si lograré ser ecuánime después de haber oído hace un instante que el nuevo ministro de Justicia de un gobierno que dice respetar la Constitución y aceptar que el Reino de España no es un Estado confesional, no escribo laico, ha aceptado su cargo ante un crucifijo y una Biblia abierta por un pasaje escogido por el propio ministro. Lo intentaré en todo caso.
Miguel Ángel Quintanilla ha escrito en Público, martes, 24 de febrero de 2009, un breve artículo en torno a guapos, listos y los ciclos formativos, estudios que él sigue llamando, a la vieja usanza, de FP.
No es fácil disentir del admirado catedrático de lógica y filosofía de la Ciencia de Salamanca, discípulo de Mario Bunge. Muchos de los que hemos tenido afición por esas disciplinas hemos aprendido y disfrutado leyéndole o escuchándole. Sea como fuere, me permito señalar dos discrepancias sobre su nota.
La primera refiere a su afirmación a la crisis, a sus responsables y a sus salidas. Lo hace en estos términos el profesor Quintanilla:
Cuando salgamos de la crisis en la que nos han metido una cuadrilla de tahúres de la economía y las finanzas, necesitaremos profesionales cualificados para desempeñar de forma eficaz competencias técnicas en la nueva economía basada en la innovación.
No sé si es un exceso de individualismo metodológico y de optimismo pero que un filósofo crítico como Quintanilla sitúe la crisis en el debe de una cuadrilla de tahúres de la economía y las finanzas, dé por presupuesto, sin más matices y con un brindis al sol y al progreso de la Historia, la salida de la situación, y hable, en los términos en que lo hace, de la nueva economía de la innovación, no deja de ser sorprendente. Dejemos aparte el optimismo político de Quintanilla y el uso impropio y muy borroso del término “innovación”, ¿la crisis está causada por el ruin comportamiento de una cuadrilla de tahúres? No se trata de negar el papel que ha jugado la codicia en el comportamiento de ejecutivos, empresas financieras, grandes corporaciones, ministerios afines, rentistas e inversiones, fundaciones dirigidas por Premios Nóbeles, familias de clase media-alta con aspiraciones, pero a estas alturas de la Historia parece obvio señalar que todo ello, o parte de ello cuanto menos, acaso lo esencial, está promocionado, ayudado, señalado, apuntado, por un sistema, por un conjunto ordenado con marcadas relaciones y funciones entre sus elementos, que podemos llamar, para seguir entendiéndose, capitalismo. No se trata de negar el papel de los individuos pero parece obvio que las estructuras, sus valores, su funcionamiento, juegan un papel crucial. Aún más, si una cuadrilla de bondadosos ejecutivos tomara por asalto y con tenacidad una de estas grandes corporaciones, e intentara, una vez tomado el poder, comportarse de forma ética, en un sentido amplio y no muy estricto del término, no creo que sea un disparate izquierdista señalar que durarían en sus cargos lo mismo que un caramelo visible a la puerta de un colegio masificado.
No niego que pueda existir una banca o una industria éticas que controle parte de sus inversiones, no me pronuncio sobre el tema, pero el sistema como tal, en su conjunto, presenta unas aristas esenciales que mueven las economías y a sus ejecutores en sentido contrario, opuesto, lo cual, claro está, no quita un ápice de responsabilidad a esa cuadrilla de tahúres de la economía y de las finanzas. Simplemente, el sistema los alimenta y el sistema se alimenta con ellos, con su sabere y su frío cálculo en las heladas aguas de un océano sin piedad. Son, digamos, el lado superior de un rectángulo perverso que Claes Andersson1 ha descrito así:
El capitalismo nos moleculiza
Crea desconfianza entre nosotros
Oculta nuestra comunidad de intereses
Cosifica nuestra vida
Destruye nuestra solidaridad
Nos oculta nuestros genuinos valores válidos
Nos impone necesidades artificiales
Abarrota nuestra vida de armatostes
Acentúa las abismales diferencias de ingresos y fortunas
Acumula conocimientos para una tecnocracia sobornada
Nos impide encontrar alternativas positivas
El capitalismo trabaja con eficacia
En el mundo en nuestra sociedad en nuestra corazón
No estamos en armonía con nosotros mismos
No somos felices
El sentido de culpabilidad se pega a todo lo que tocamos
No somos solidarios
Nadie nos ama
Nos odiamos nosotros mismos
Odiamos a todos los demás
¿No es eso acaso? Desde luego: no es imposible encontrar poemas de Fried, Brecht, o entre nosotros, de Jorge Riechmann o Enrique Falcón, que transiten por el mismo sendero y con compases afines.
La segunda discrepancia nos lleva al mundo de la FP, de los ciclos formativos. Quintanilla señala que somos un país bastante igualitario: el acceso a los estudios superiores no se ve inexorablemente limitado por las circunstancias económicas, geográficas y sociales de las familias de los estudiantes. Hemos logrado que cualquiera de nuestros hijos, remarca Quintanilla, pueda llegar a ser abogado, médico, ingeniero, profesor de filosofía (no dice filósofo) o aguerrido periodista (Quintanilla no explica la necesidad del adjetivo).
El “bastante” sirve para mucho, nos suele librar de críticas. Pero de que el acceso a los estudios superiores no se vea “inexorablemente” limitado por las circunstancias que señala Quintanilla, no se infiere que seamos un país “bastante igualitario”. Los porcentajes de estudios universitarios en las clases sociales, y en grupos sociales con fuerte arista cultural, no nos aproximan ni de lejos, hoy por hoy, y sin menospreciar lo conseguido, a un concepto aceptable de real igualdad de oportunidades si los comparamos con la población universitaria de las capas trabajadoras.
No es ese, en todo caso, el punto central del artículo. Quintanilla defiende otra tesis: nuestro sistema de enseñanza ha sido durante demasiado tiempo sesgadamente academicista y ya va siendo hora que en él se incorporen visiones más prácticas. Nuestra sociedad –informa, valora y critica Quintanilla- sigue viendo la formación profesional como una segunda opción indeseable. Esta situación, anuncia el antiguo director general, tiene que acabar.
No señalaré que muchas personas que afirman tal consideración con la boca grande tienden a afirmar lo contrario con la pequeña cuando los implicados son hijos, sobrinos o familiares próximos. No creo que esta inconsistencia teórico-práctica esté en el debe de Quntanilla. No diré nada en contra de los ciclos formativos entre otras razones porque yo soy profesor de ciclos y mi hijo, con esfuerzo admirable, es muy probable que consiga seguir uno de esos ciclos. Pero es obvio que este llamamiento a la enseñanza práctica, a este alejamiento de los estudios académicos universitarios, que tiene ya su historia en nuestro país, está consiguiendo resultados especialmente en grupos sociales obreros o poco favorecidos y toca muy poco, cuando no resbala, en sectores sociales con mentes de clase, que llevan a sus hijos a escuelas privadas o concertadas (y en algún caso públicas), que tienen buenas redes sociales, y que siguen aspirando a que sus hijos e hijas sean médicos, abogados, economistas, financieros no tahúres e ingenieros superiores, eso sí con algún master y doctorado en alguna universidad usamericana (o española americanizada). Por ejemplo, el president de la Generealitat, un antiguo trabajador, de origen popular, no aspira a que sus hijos sigan ningún ciclo formativo.
La enseñanza de ciclos tienen varios inconvenientes conocidos. Hay excesiva dependencia de esos estudios con las empresas y sus necesidades coyunturales; se obliga a los alumnos a una asignatura práctica que consiste en realizar unas 300 horas lectivas en centros productivos (unos cuatro meses, 4 horas diarias) teóricamente para aprender, en muchos casos para trabajar gratuitamente para el empresario, con el efecto acaso no buscado, u olvidado, de que la atención por los ciclos, en muchos casos por exigencias de las patronales españolas que no quieen gastarse un duro ni un euro en aprendizajes formativos, está descuidando lo esencial: la instrucción básica, el pensamiento crítico, el saber a qué atenernos, que tiene sus primeras notas en la enseñanza secundaria obligatoria que es un auténtico cuello de botella, necesitado de más recursos, más profesores, una amplísima reducción de la ratio de alumnos por clase, de asesoramiento adecuado y, sobre todo, de tratamiento desigual de situaciones muy desiguales. Es imposible formar a alumnos de 15 nacionalidades en grupos de 33 alumnos, con 23 situaciones diferenciadas. Están en clase, están en los institutos; su formación, su instrucción, el poder seguir la explicación es otra cosa.
Por lo demás, y eso es acaso significativo, hace unos 30 años, cuando yo empecé a dar clases en una ciudad del extrarradio barcelonés, Santa Coloma de Gramenet, mi instituto, el único de la ciudad, llegó a formar a unos 130 alumnos de COU que alcanzaban la Universidad en su gran mayoría. La clase obrera, sus jóvenes y no tan jóvenes, es cierto, era una clase distinta, más organizada, más politizada, más rebelde, menos precarizada (la multitud es una categoría insulsa e impolítica de Negri), con muchísimas más pulsión cultural, con intereses múltiples, menos americanizada. Hoy, treinta años más tarde, la siguiente generación, después de la apuesta pública por los ciclos formativos, entre los ocho institutos de la ciudad no generamos esa misma cantidad de universitarios. Un porcentaje de los alumnos siguen cursos de ciclos de grados medio y, posteriormente, de grado superior. Sólo en muy pocos casos se prosigue el sendero universitario.
Es cierto, pues, hay que dignificar la FP. Hay que hacerlo, hay que seguir haciéndolo. Pero sin olvidar la necesidad de una enseñanza obligatoria que instruya realmente y que los ciclos no sólo sean para los guapos y listos de la clase obrera y de grupos afines. Para los otros listos y guapos, o acaso para feos menos listos, pero de clases aposentadas, ya está la Universidad, modificada, por supuesto, con planes made in Bolonia y ciudades con espíritu afín. Los tentáculos del capital y sus valores no se detienen a las puertas de los templos.

22 de gener 2009

ENTREVISTA A JOSÉ LUIS SAMPEDRO: 22-01-09 EN PÚBLICO



ENTREVISTA A JOSÉ LUIS SAMPEDRO
"Ahora entramos en una época de barbarie"
El escritor y economista lleva más de 60 años proclamando desde la incómoda óptica del marxismo que el sistema económico oculta las teorías que pregonan la decadencia del capitalismo



- Á. MUNÁRRIZ / F. VICENTE Á. MUNÁRRIZ / F. VICENTE - SEVILLA - 22/01/2009 08:00



Su éxito novelístico, sobre todo el de La sonrisa etrusca, explica sólo en parte que la faceta de economista de José Luis Sampedro (Barcelona, 1 de febrero de 1917) haya quedado ensombrecida. El principal motivo, opina el propio Sampedro, es que el sistema oculta las teorías que pregonan la decadencia del capitalismo. Y Sampedro lleva más de 60 años proclamándolo desde la incómoda óptica del marxismo, desoyendo los cantos de sirena del "fin de la historia" anunciado por Fukuyama o anteriores apóstoles del libre mercado.


"Me preocupala destrucción de los valores básicos"


Su esposa, Olga Lucas, y el rector de la Universidad Complutense, Carlos Berzosa, han reunido en Economía humanista. Algo más que cifras (Debate) una muestra representativa de sus textos económicos, escritos sobre todo en los años sesenta y setenta. Sampedro presentó ayer el libro en Sevilla tras desplazarse desde la Costa del Sol, donde reside en invierno. "Antes estábamos en Canarias, pero los aeropuertos están imposibles. Eso de quitarse el cinturón le parecía humillante", cuenta Olga. El autor de El amante lesbiano se muestra tan lúcido (cada día se las ve con el sudoku de Público) como locuaz, pero la edad obliga a una entrevista breve. Sampedro, en el apresurado cierre de la charla, remite a los periodistas a un ensayo cuyo título resumiría casi todo su discurso: La decadencia de Occidente. "¡Cómo acertó Spengler!", exclama.
Ahora que ha releído sus textos de hace tres y cuatro décadas, ¿mantiene sus mismas posiciones?
En general sí, lo que no quiere decir que acertase. Aunque creo que en general acerté y de todas maneras no rectifico, porque era sincero. Yo he figurado más como escritor porque he tenido suerte escribiendo. Pero sobre todo por una razón: los que pensaban como yo teníamos menos prensa.

¿Y qué pensaba usted?
Hay unos economistas que se dedican a hacer más ricos a los ricos, y otros, a hacer menos pobres a los pobres. Yo he defendido siempre la necesidad de controlar el mercado. Claro, así no he tenido una plataforma, sobre todo tras el 68, cuando se asustó la derecha y llegaron Thatcher, Reagan...
Hay un ejemplo de economista con plataforma, el premio Nobel Milton Friedman, y otro sin ella, John Kenneth Galbraith...
Los dos murieron en 2006. Yo era de Galbraith y el que tenía la prensa era Friedman, y también el que orientó a Pinochet.
Friedman, un auténtico gurú para los neocon.
Para mí los neos, sean catecúmenos o liberales, no son nuevos. Cuando a una cosa hay que ponerle el prefijo neo es que no lo es. Cuando uno es nuevo no hay necesidad de decir: ¡oiga, que yo soy nuevo! Simplemente la gente dirá: a usted no le había visto nunca.
¿Sigue definiéndose como socialista ahora que...?
Sí, sí.
¿Como socialista marxista?
Es que hay que entender lo que es el socialismo. El socialismo defendía la propiedad pública de los medios de producción, y de esto que no hablen los que se llaman socialistas ahora. De estos yo no soy. No, no...
¿Sigue siendo socialista clásico pese a lo que pasó en el bloque soviético?
Es que tampoco era eso. En el fondo era capitalismo de Estado. Si por socialismo se entiende la propiedad pública y la dirección pública, auténticamente pública, que es la verdadera democracia, entonces soy socialista. Claro que el socialismo de verdad, que yo sepa, no se ha aplicado nunca.
¿Y considera que tiene posibilidades de abrirse camino ahora?
Sí, creo que sí. Lo que pasa es que estamos primitivamente educados. Es muy rudimentaria la situación de la humanidad... Nos movemos por la racionalidad en cuanto a los modos de operar, pero en los fundamentos es todo visceral.
¿Por ejemplo?
Cuando se reelige a Bush, o cuando se vota a Berlusconi.
¿Y qué opina de Obama?
Pues yo estoy encantado, sí, pero tampoco me hago excesivas ilusiones. Para nada. Y fíjese usted, lo tratan como si hubiese descendido el Mesías.
¿Cree que ahora el boom demográfico, sumado a la degradación del medio ambiente y la progresiva escasez de recursos, puede llevar a la revolución?
El desarrollo sostenible del que hablan es insostenible. La población mundial se ha triplicado desde 1900 hasta hoy y, desde luego, la capacidad de regeneración del planeta no se ha triplicado. Eso no se puede mantener. Imposible.
O sea, que cree que habrá una revolución.
Claro. Una cosa que cito yo mucho de Marx es aquello de que el capitalismo convierte todo en mercancía, esa es la verdad del asunto. No sé cuánto tiempo durará el sistema, pero creo que está agotado.

¿En qué consiste la decadencia que usted le atribuye al sistema?
El primer artículo de este libro lo publiqué en 1947 en Inglaterra. Yo era un pipiolo que acababa de terminar la carrera, pero haciendo un estudio sobre las consecuencias de la crisis mundial en las áreas retrasadas en los años 30, vi que el Estado financiaba, ayudaba y subvencionaba a los obreros en paro. Les buscaba trabajo y escuelas para sus hijos. Había posibilidades de redistribución de la gente. ¡Pero la gente se resistía a moverse! En cambio, cuando empezó la Revolución Industrial los obreros iban de los campos a las fábricas de las ciudades. Tenían un espíritu de aventura que un siglo después sus nietos no tenían. Es lo que pasa con el capitalismo.
¿En qué sentido?
Ahora hay miedo. En el siglo XVI, Europa era un volcán de iniciativas. Misioneros, guerreros y labradores se embarcaban a lo desconocido. Y en el terreno intelectual empezaba el humanismo, la imprenta. Ahora, en el país más importante del mundo, el más fuerte y poderoso, Estados Unidos, la gente tiene miedo. Auténtico miedo.
¿Porque tienen propiedad?
Y también porque han perdido por completo el espíritu de aventura.
Hemos cedido libertad a cambio de seguridad...
¡Pero es una seguridad ilusoria que, además, no satisface! Continuamente buscamos mecanismos para vigilar, desnudando a la gente que va en el avión y cosas así. ¿Para qué? Ahora dicen que Obama... Ojalá haga algo, pero no sé yo...
¿Confía en las medidas para salir de la crisis?
En el mejor de los casos, volverán a dejar las cosas como estaban en lo monetario pero con una degradación de la economía real, del medio ambiente y de la producción.
¿El sistema en su conjunto quedará desacreditado?
Hay una cosa que me preocupa: hasta qué punto se están destruyendo valores básicos. No hablo ya de derechos humanos, sino de la justicia, la dignidad, la libertad, que son constitutivas de la civilización. La barbarie es atacar los valores de la civilización.
¿Vivimos ahora en una época de barbarie?
Para mí es una época paralela al derrumbamiento del Imperio romano. Se acabó el Imperio y empezó la barbarie. Lo de Gaza es barbarie, los campos de Hitler y Stalin fueron barbarie, el ataque a Irak es barbarie. Estamos destruyendo el sentido de la justicia. Creo que entramos en una etapa de barbarie que obliga a reconstruir el sistema. Porque el capitalismo no es que sea malo, es que está agotado ya. En el siglo XV era impulsor, constructivo. Ahora está agotado. ¿Cuáles son los planes? Más de lo mismo. Decir que dentro de 15 años acabará la pobreza y repetirlo 15 años después.

¿Y qué esperanza ve?
Creo que la ciencia. Ahora el capitalismo se desmorona, porque la muerte es el precio de la vida. Las sociedades son seres vivos, se descomponen. Las diferentes subestructuras básicas no funcionan a la vez. Hay anacronismos, distonías. Salvo en la ciencia.
¿Qué anacronismos?
La Iglesia está plantada en el siglo XVI. La economía actual se basa en el axioma de que el mercado, con su famosa mano invisible, consigue que la suma de los egoísmos lleve al bien común. ¡Mentira! Pero todo se monta sobre esos supuestos básicos del siglo XVIII. La política, tras montar la representación parlamentaria a raíz de la Revolución Francesa, está viciada. Mandan unas oligarquías que controlan la creación de opinión. Lo único que avanza es la ciencia, que sigue aportando conocimientos del espacio, materiales y recursos de comunicación, de informática, de genética, de nanotecnia. Cuando pienso en la diferencia entre el mundo en que yo nací y este, imagino lo que vivirán los jóvenes y...
¿La barbarie que pronostica puede adoptar la forma de nuevos autoritarismos?
Sí, pero también puede ser una sociedad de insectos, con clases. Piense en la brecha digital que se está abriendo. Podría gobernar una élite que crease una situación de simulación de libertad, ofreciendo determinados atractivos. Pero la libertad es como una cometa. Vuela porque está atada y la cuerda es la responsabilidad.
Señor Sampedro, ¿qué diría a quien piense que es usted uno de esos intelectuales que, ya veteranos, terminan diciendo que todo va ahora peor que antes?
Yo no digo que lo pasado sea lo mejor. Digo que el capitalismo en su momento fue naciente, pero ahora es insostenible. La mejor definición de su decadencia la dio Bush. Dijo: "He suspendido las reglas del mercado para salvar al mercado". Es decir, el mercado es incompatible con sus propias reglas.

13 de gener 2009

Sufrir y morir en Gaza.Per J.J.NUET





13-01-2009 - Joan Josep Nuet i Pujals


Dentro de pocas horas voy a embarcar en un barco de Free Gaza en dirección a la franja de Gaza. El barco lleva medicinas, material quirúrgico, alimentos y, sobre todo, mucha esperanza. Conmigo viajan treinta y cinco hombres y mujeres, a simple vista como cualquiera de nosotros, pero unos invisibles hilos que los mueven, captados con unos ojos solidarios especiales, nos indican que son personas que han decidido hacer algo por los niños, las niñas, los civiles y el pueblo palestino en general que sufre y muere en Gaza.


Todos podemos hacer algo, hablar con los compañeros y compañeras del trabajo; manifestarse y presionar a nuestro Gobierno para que rompa con el Estado terrorista de Israel (no con su pueblo). Que deje de comerciar, vender armas, realizar hipócritas convenios con un Estado que ha profesionalizado el asesinato y el terror.


Nos dirán que la culpa es de Hamas, que son terroristas; pero yo nunca comparo al verdugo con la patada desesperada de la víctima. Los palestinos sufren más de 60 años de ocupación, de limpieza étnica y tal vez, si no hacemos nada, de genocidio. ¿Qué haríamos si fuéramos invadidos, ocupados y masacrados? No habrá paz con ocupación militar y limpieza étnica. Los dos Estados, el de Israel y el de Palestina, deben convivir pacíficamente y no uno sobre el otro.


Recordad que un millón y medio de personas, que no pueden marcharse y huir a ningún lugar, viven entre el mar y los tanques. A algunos les quedan pocas horas de vida y sí, sí depende también de ti.


Joan Josep Nuet i Pujals


Senador de Izquierda Unida, para Diariocrítico desde Chipre, en el barco "Spirit of Humanity" con destino a Gaza

31 de desembre 2008

CUBA:1959-2009 50 ANYS DE REVOLUCIÓ


Índice de desarrollo humano en los países del área del Caribe. - PÚBLICO G. C - MADRID - 31/12/2008 08:00


Los logros de Cuba, a revisión
El socialismo ha dado prioridad a educación y sanidad, pero el modelo da síntomas de agotamiento


Será el mar Caribe que hace reverberar el sol del mediodía, las fachadas trituradas por el salitre del Malecón o los genes a prueba de bombas del mestizaje cubano, pero la red sanitaria y educativa de la isla siempre será el símbolo del orgullo patrio.
Es el cuarto país de Latinoamérica en el ránking de desarrollo humano
Nicholas D. Kristof, periodista estadounidense especializado en coleccionar premios Pulitzer, señalaba en The New York Times que si EEUU tuviese un sistema de salud como el cubano, salvaría cada año a 2.212 bebés de una muerte segura. "Sí, he dicho Cuba. Es menos probable que los recién nacidos sobrevivan en EEUU, con un sistema de asistencia médica que suponemos el mejor del mundo, que en la empobrecida y autocrática Cuba", concluye. A Kristof le llovieron piedras por su artículo pero respondió que las cifras son a menudo el espejo frío de la realidad.
Según el World Factbook de la CIA de 2005, el informe sobre el estado del mundo que elabora la central de inteligencia estadounidense, Cuba es uno de los 41 países que superan a EEUU en todas las tasas que miden la salud y educación de un pueblo. Y pese al bloqueo que padece desde hace casi medio siglo, sigue agarrada al puesto 51 en el índice de desarrollo humano, el cuarto más alto de Latinoamérica y el Caribe.
Esperanza de vida
Los cubanos pueden ser los más altos y los más fuertes pero sobre todo son los más longevos del continente americano. Según el Fondo de Población de la ONU (UNFPA), el 16,2 % de su población tiene más de 60 años y la esperanza de vida roza los 80, superando en dos años a EEUU y en casi seis a Barbados, Trinidad y Tobago, y Chile. La clave del éxito es el impactante empuje de la medicina preventiva implantada en la isla.
En esperanza de vida supera a EEUU y en alfabetización iguala a Islandia
Dieta vegetariana, guerra al consumo de tabaco, cultura deportiva, desarrollo biomédico, educación sexual y difusión de técnicas de relajación como el tai-chi. Enfermedades endémicas como la poliomielitis, el tétanos neonatal o la rubeola, que azotan sin piedad Haití, Jamaica o República Dominicana, fueron erradicadas de Cuba hace décadas.
El VIH afecta al 0,005% de la población, una de las más bajas del mundo, y la tasa de mortalidad infantil no supera los 5,3 fallecimientos por cada mil nacimientos. Estas cifras son la vacuna milagrosa que las autoridades cubanas muestran cada vez que alguien les recuerda su obstinación por aplazar década tras década la llegada de la democracia a su país.
"Cuba nunca será como los países vecinos del Caribe por mucho que EEUU y Europa se empeñen", reconocía hace escasos meses a Público, el periodista Fernando Ravsberg, corresponsal de la BBC en la isla durante los últimos 15 años. En la pomposa Cumbre del Milenio celebrada en 2000, el entonces presidente cubano Fidel Castro, un maestro de la oratoria cuando se trata de manejar cifras, lanzó una arenga contra las propuestas occidentales para reducir la pobreza.
Castro vendió su modelo educativo y sanitario como la única manera de encarar con garantías el abismo cada vez mayor que separa a los paises ricos y pobres. Y remató su alegato con una de las frases que el líder moral de la independencia cubana, José Martí, dejó prendida en la historia: "Ser cultos es la única manera de ser libres". Nadie fue capaz de rebatirle.
Con una tasa de alfabetización cercana al 100%, sólo comparable a Islandia, Cuba es una factoría mundial de ingenieros, científicos sociales y, por su supuesto, médicos. Sin embargo, esta idílica situación formativa, que ha llevado a algunos cubanólogos a definirla sin rubor como la "Suecia del Caribe", empieza a presentar peligrosas grietas. El sociólogo estadounidense James Petras, cuyas reflexiones sobre Cuba son escuchadas con absoluta atención por los dirigentes de la isla, recordaba en un punzante artículo que "la economía cubana se caracteriza por un gran desequilibrio entre un sistema educativo muy desarrollado y una realidad que no provee los puestos de trabajo apropiados a la universalización de la educación superior".
Trabajo rentable
Petras, que no tiene pelos en la lengua, censura la dinámica "oficializada" durante los tiempos duros del Periodo Especial en el que trabajar de botones en un hotel era más rentable que ser ingeniero.
En un último acto de crítica a la autocomplacencia revolucionaria, recomienda a Raúl Castro un reajuste del modélico sistema educativo "para formar diplomados que gestionen las actividades industriales con vistas a que produzcan tanto artículos para el consumo popular como científicos para servicios médicos".
La ácida diatriba de Petras no cayó en saco roto. A las pocas semanas de publicar su artículo, Luis Ignacio Gómez Gutiérrez, el ministro que había dirigido la educación durante los últimos 18 años, era cesado de forma fulminante.
Una veterana maestra habanera reconocía el pasado mes de mayo en Público su enorme consternación porque sus alumnos ya son incapaces de decirle que Tchaikovsky compuso El lago de los cisnes pero recitan a la perfección las canciones de Madonna. "Ni siquiera saben qué es Giselle ni quién fue Nijinsky", dijo. Un afrenta a la imagen culta que le gusta proyectar al cubano.
La coordinadora de la ONU en La Habana, Susan McDade, advierte de las contradicciones que empiezan a surgir en la isla. "Cuba tiene una tasa de crecimiento demográfico que ya exige una revisión de los servicios públicos", indica. Con la llegada del dígito 50 al calendario revolucionario el interrogante de cómo corregir la quintaesencia del sistema con las dosis justas de crítica y un realismo impropio de los cubanos, vuelve al primer plano.
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30 de desembre 2008

Entrevista con Renán Vega Cantor:Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2007



Entrevista con Renán Vega Cantor: “Si se quiere proponer otro proyecto de vida, que rompa con la dominación, injusticia y explotación reinante en el mundo, es necesario plantear otro tipo de historia, en la que se incorpore a los vencidos, a las mujeres, a todo el planeta (y no sólo a Europa o los Estados Unidos), a todas las etnias. Esta historiografía tendría, en consecuencia, suma utilidad para afrontar los problemas y retos de nuestro tiempo”.
Salvador López Arnal
El Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2007, otorgado en junio de 2008, recayó en la obra Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar. Las transformaciones mundiales y su incidencia en la enseñanza de las Ciencias Sociales, del escritor colombiano Renán Vega Cantor. Según el jurado del premio, el autor aborda en esta obra la temática del mundo actual con solidez, a través de dos -densos pero muy legibles- volúmenes que revindican categorías del pensamiento crítico universal que permiten acercarnos a la compleja realidad de nuestros tiempos. El veredicto señala igualmente que la obra de Vega Cantor reivindica el concepto de “totalidad” contra la pretensión de corrientes culturales postmodernas de eliminar esa perspectiva de raigambre y tradición marxistas.
El jurado del Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2007 estuvo integrado nada más y nada menos que por Fernando Báez (Venezuela), Stella Calloni (Argentina), Bolívar Echeverría (Ecuador), ganador de la edición 2006, Roberto Fernández Retamar (Cuba), y Daniel Hernández (Venezuela). Se presentaron 82 obras.
Renán Vega Cantor, el autor premiado, es historiador y profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, en Bogotá, Colombia. Es autor y compilador de Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad y El Caos Planetario; entre otras numerosas publicaciones.

*
Déjeme felicitarle en primer lugar por la obtención del Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2007. Si en alguna ocasión algún premio literario estuvo justificado, sin duda ha sido en esta ocasión. Empiezo, si me permite, con una precisión: el Premio Libertador es un premio al Pensamiento Crítico. ¿Qué entiende usted por pensamiento crítico? ¿Puede un pensamiento digno de ese nombre ser acrítico?
Renán Vega Cantor (RVC): Me parece que usted tiene razón en la duda que le suscita hablar de pensamiento crítico, porque en sí misma la expresión puede parecer tautológica, porque en sentido estricto todo pensamiento que merezca tal nombre debe ser crítico, entendido como radical, es decir, que vaya a la raíz de los problemas. Sin embargo, me parece que en razón de la imposición del capitalismo a nivel universal en los últimos 20 años, del cual se han derivado múltiples teorías, ideologías y dogmas apologéticos, todos los cuales se difunden como pensamiento (algunos lo llaman “débil” o “único”), tiene sentido hablar de pensamiento crítico, entendido como aquel que desnuda y combate al capitalismo.
En esta dirección, el pensamiento crítico tal como yo lo entiendo retomaría la célebre afirmación de Marx de la Crítica de la Economía Política en una doble dimensión: de una parte la crítica de las nociones que hoy tienden a presentarnos, como en tiempos de Marx, al capitalismo como una realidad eterna e insuperable; y de otra parte, la crítica a las relaciones desiguales, injustas y explotadoras de nuestro tiempo, que son, no sobra decirlo, capitalistas. Adicionalmente, la crítica de todo lo existente implica no sólo una actitud reflexiva, sino un vínculo con una acción práctica transformadora, propia de una filosofía de la praxis. Por ello, el pensamiento crítico debe afrontar problemas históricos y concretos, situados, lo que implica, al mismo tiempo, una vinculación con las realidades específicas en que se vive, junto con una apertura mental que permita dialogar con el pensamiento universal.
En síntesis, pensamiento crítico significa en estos momentos tener una postura anticapitalista que desmitifique las falacias de este modo de producción como algo eterno e inmodificable, que asuma una postura a favor de los oprimidos y explotados del mundo y que, hurgando en la memoria de las luchas plebeyas, retome la senda de otra forma de organización social que vaya más allá del capitalismo.
Titula su libro: “Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar”. ¿Un mundo incierto? Suena, si me permite la provocación, a filosofemas de Karl Popper o a interpretaciones de la mecánica cuántica. ¿Por qué nuestro mundo es un mundo incierto? ¿Dónde reside su incertidumbre?
RVC: Cuando yo titule el libro y le coloque el apelativo de un “mundo incierto” lo estaba haciendo desde varios ángulos, que aparecen implícitos a lo largo del texto. De una parte, la universalización del capitalismo, lo cual ha sucedido en el último cuarto de siglo, si se tiene en cuenta la crisis generalizada de otras formas de organización económica y social (y me refiero no solamente a los distintos proyectos que se llamaban socialistas, sino también a las economías campesinas, artesanales e indígenas), genera una tremenda incertidumbre sobre el futuro inmediato de la humanidad. Expliquemos esto con algún detalle. Para mí ha sido terrible la universalización del capitalismo porque eso trae aparejados unos peligros evidentes para el género humano en su conjunto, en términos económicos, sociales, ambientales, militares y yo diría que en todos los planos de la existencia humana.
En términos económicos, lo estamos viendo hoy con la crisis capitalista, la imposición del reino de la mercancía y la ganancia, supone la destrucción criminal de otras formas de organización, con lo cual millones de seres humanos sufren una miseria sin precedentes. Esto supone, para dar un ejemplo, que aquellas sociedades que tenían la posibilidad de satisfacer, por lo menos, sus condiciones básicas de subsistencia (producir la dieta para ellos mismos y para sus familias), ahora se ven abocados a comprarle al mercado los productos que antes generaban y a morirse de hambre, como lo estamos viendo en estos momentos en más de 50 países del mundo, en todos los cuales se han presentado rebeliones por carencias alimenticias.
Es incierto también en el plano económico porque el crecimiento capitalista arrasa con todo lo que encuentra a su paso, sin importar sus costos reales, con el prurito de presentar ciertos niveles de rentabilidad y de ganancia. Esto, a pesar que la propaganda nos esté diciendo desde hace mucho tiempo, que la economía capitalista no tiene límite de ninguna clase y que su crecimiento esta asegurado para siempre. En estos días de crisis mundial está seriamente cuestionada esta falacia del crecimiento exponencial y del consumo desaforado, aunque desde luego la falacia no haya desaparecido, y los neoliberales nos digan que para solucionar la situación hay que seguir creciendo y compitiendo.
En términos sociales, el mundo es incierto para gran parte de la población de la tierra, como nos lo recuerdan todos los días los indicadores convencionales de la ONU e incluso de instituciones de “extrema izquierda” como el Banco Mundial. En efecto, esas estadísticas que han terminado convertidas en datos sin sentido, nos dicen que cada día, a medida que se ha ido expandiendo el capitalismo por todo el mundo, la pobreza, la miseria y la desigualdad en lugar de atenuarse se incrementan, porque lo que está claro es que la “globalización” deja muy pocos ganadores, mientras que la mayoría pierde. Y esta no sólo es una afirmación retórica sino desgraciadamente real, como se observa en cualquier país, incluyendo a los del capitalismo sobredesarrollado, como Estados Unidos, donde hay 40 millones de pobres. Por supuesto que para estos millones que no tienen seguridad social, ni consumen una dieta básica, ni tienen acceso a la educación, el mundo es terriblemente incierto. Y si nos situamos en lo que en otra época se llamaba el “tercer mundo”, las cosas son aun peores: hay países africanos en los cuales su esperanza de vida (un terrible eufemismo) es de escasos 33 años (como Zambia y otros), un dato revelador, porque una situación como esa ha sido superada en gran parte del mundo desde hace décadas. Esta situación se replica en muchos países, como en el granero del mundo, Argentina, un gran productor y exportador de alimentos, donde a diario mueren niños de hambre y desnutrición, y no sólo en el norte del país sino también en el gran Buenos Aires.
Si nos situamos en el terreno ambiental la incertidumbre se hace más evidente. En este momento, lo dicen quienes han estudiado con seriedad el asunto, estamos asistiendo a un gran ecocidio, el peor de los últimos 65 millones de años, cuando se presentó el último por causas naturales, cuando desaparecieron, entre otros, los dinosaurios. Digo que eso se debió a causas naturales, para enfatizar que fue producto de una súbita transformación de las condiciones para vivir, originadas por el choque de un meteorito contra la tierra. Pues hoy ese meteorito no es natural sino social y se llama capitalismo. Es esta relación social, extendida por todo el mundo, la que está produciendo el catastrófico ecocidio que hoy nos asola y que supone la extinción en masa de especies animales y vegetales, la reducción acelerada de la biodiversidad, la destrucción de los ecosistemas y la pobreza, porque ésta aumenta a medida que se destruye la naturaleza, como se pone de presente por doquier. En este sentido, es profundamente incierto el futuro del planeta, si no se abandona el capitalismo y su lógica destructora (algunos autores, de Joseph Schumpeter en adelante, hablan con regocijo de la “destrucción creadora”) y se forjan otro tipo de relaciones que permitan mantener nuestra casa, la tierra, la única que tenemos de verdad, porque hasta donde sabemos no hay otro sitio en el universo, con evidencias convincentes, que sea como Gaia.
Y desde una perspectiva militar…
RVC: En términos militares el futuro inmediato es profundamente incierto, porque la desproporcionada maquina bélica de los Estados Unidos pone en cuestión la existencia de muchos países y a larga de la humanidad toda. Recordemos que famosos políticos de los Estados Unidos, afirman que ese es el único país imprescindible, con lo cual se da a entender que todos los otros pueden desaparecer y eso no significa nada, mientras que Estados Unidos debe preservarse a toda costa, y con ello se supone igualmente que debe mantener su irracional sistema de vida (aunque viéndolo bien debería llamarse sistema de muerte) a costa del resto del mundo y si estuviera en peligro su supervivencia podría destruir a la tierra. Todo esto, podría creerse lo lleva a uno a moverse en el plano de la especulación o de la ciencia ficción, pero cuando se conoce medianamente la historia del imperialismo estadounidense, que nosotros los latinoamericanos si que lo hemos soportando en carne propia desde hace más de un siglo, esa es una terrible realidad y perspectiva. O si no que lo digan Afganistán, Irak, Palestina, para hablar de los casos más conocidos, donde las armas estadounidenses y sionistas aniquilan todo lo que encuentran a su paso, por algo son muy “inteligentes”.
Por todas las razones anteriores, entre muchas, hablo de un mundo incierto y esa incertidumbre es mayor al recordar algunos de los límites con que cuenta la “civilización capitalista”, entre ellos el energético, el más importante de todos, cuando sabemos que los días del petróleo están contados. ¿Qué va a pasar cuando se acabe el petróleo? ¿Para qué van a servir los millones de coches que ruedan por el mundo, sin combustible para moverse? ¿Cómo va a funcionar el dispositivo productivo del capitalismo, sin la savia que lo ha alimentado desde finales del siglo XIX? Por si dudamos de lo que puede venir, creo que es recomendable leer el Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, libro que yo leo a través de la clave energética, porque entre más consumimos combustibles fósiles, con toda la parafernalia tecnológica asociada a ellos, más nos acercamos al precipicio. Al fin y al cabo el capitalismo se caracteriza por actuar con la lógica de la fuga hacia delante, del suicida, del que vive prisionero del presente y no piensa en las generaciones que vendrán. En este contexto cobra mucha actualidad la idea de revolución que propuso Walter Benjamin, cuando dijo que la revolución es necesaria no para desarrollar las fuerzas productivas, como se solía pensar en otros tiempos, sino para evitar que la humanidad se hunda en el precipicio.
Dice usted también que nuestro mundo es un mundo para aprender y enseñar. ¿No es demasiado optimista en su consideración? A primera mirada, si un jupiterino poco informado en asuntos terrícolas, pero, eso sí, con ojos abiertos y corazón limpio, viniera a visitarnos no parece probable que extrajera, en primera o incluso en segunda instancia, una conclusión así. No parece este mundo un mundo apacible para la enseñanza y el aprendizaje. ¿ No lo cree así?
RVC: Si conectamos su pregunta con mi respuesta anterior, usted tiene toda la razón, porque la universalización del capitalismo ha significado la generalización de los viejos y los nuevos problemas, como el hambre y el ecocidio planetario. Sobre lo primero, se nos había dicho que el hambre era típica del antiguo régimen pero que en la sociedad industrial había desaparecido y por ello los motines de subsistencia eran cosa del pasado. Esta leyenda rosa sobre el capitalismo no sólo es una mentira sino una soberana estupidez, porque desde la época de la conquista de América en todas las ocasiones en que las relaciones capitalistas se han impuesto eso ha significado hambre: eso sucedió entre pueblos autosuficientes y que no tenían problemas de abastecimiento, como los Incas, en el siglo XVI, aconteció en la última mitad del siglo XIX, en la India, China y otros lugares en los cuales los campesinos fueron obligados a sembrar cultivos de exportación mientras que ellos mismos se morían de inanición y es lo que está pasando ahora en varios continentes, donde las economías campesinas han sido arruinados por los agronegocios y el comercio mundial, lo cual produce ruina y hambre entre los pequeños productores agrarios. De tal manera, y por eso hemos desarrollado este ejemplo, los viejos problemas de la humanidad, como el hambre, han sido llevados a una escala impensable y por ello, como ya lo dijimos, han estallado motines de subsistencia. Y el otro problema, nuevo por sus características y su dimensión, el ecocidio, indica que estamos ante asuntos de una extrema gravedad.
Esto, por supuesto, no debería generar algún tipo de enseñanza, como lecciones sabias y positivas, y tampoco alguna clase de aprendizaje, y en eso usted tiene razón y siguiendo con su indicación un habitante de otro planeta si llegase a la tierra se sorprendería por la estupidez dominante entre los terrícolas que prefieren terminar con los recursos para, por señalar algo, andar en automóviles, cada vez más contaminantes y despilfarradores de materia y energía, cada vez más lentos y poco prácticos.
Pero si nos situamos en la perspectiva en la que yo me he intentado ubicar, puesto que soy un profesor, esa es mi actividad cotidiana, por ella vivo, gozo y sufro, considero que de este mundo, con todas sus miserias, si es posible enseñar, aprender y, lo más importante, transformar, algo que está implícito en mi análisis pero que no quedo registrado en el título del libro por un descuido de última hora. Permítame ampliar un poco esta idea. El mundo, a pesar del dominio capitalista, no es uno solo, sino que es múltiple porque todavía subsisten otras sociedades, otros proyectos, hay luchas, resistencias y rebeliones contra el capitalismo, en las cuales se dibujan otras formad de organización social. En tal sentido, es de ese tipo de procesos de los que deberíamos aprender y enseñar para combatir la mercantilización dominante, el fetichismo del dinero, el culto al consumo, Pero de la misma forma deberíamos aprender de los procesos catastróficos en marcha para intentar evitarlos en el futuro inmediato, al conocer las causas que los originan.
Con esta idea en mente, en la versión original de mi libro, al final de cada capítulo he colocado una propuesta didáctica, que apunta a dar unas pistas a los lectores, analizando un problema puntual, de tal manera que se incentive una actitud crítica –y eso podría generar dudas y preguntas, que son un punto de partida para aprender- ante muchas cosas que ocurren a nuestro alrededor. Para ser más concreto, quiero colocar un ejemplo. Hay una unidad didáctica que versa sobre el Tsunami de diciembre de 2004 en el Océano Índico y en el cual murieron unas trescientas mil personas.
300.000 personas, la quinta parte de la población de Barcelona por ejemplo.
RVC: Por ejemplo. La televisión de todo el mundo informó que ese era un “desastre natural” y en las escuelas y universidades se empezó a repetir lo mismo, que era una acción pérfida de la naturaleza. Si uno mira con algún cuidado el asunto encuentra que el desastre es menos natural de lo que se piensa, porque el impacto del tsunami fue proporcional a la deforestación del manglar, a la construcción de complejos turísticos para occidentales ricos, al cultivo de camarones para alimentar a los consumidores de Europa o los Estados Unidos, todo lo cual arrasó con los pescadores locales y sus formas de vida. Si hubiera habido manglar el impacto del tsunami se hubiera mitigado y no habríamos asistido a tan terrible tragedia, que guardando las proporciones se repitió meses después en los Estados Unidos con el huracán Katrina. ¿Qué enseñanzas se pueden sacar de un hecho tan catastrófico como el tsunami? Creo que por lo menos dos: primera, que la mayor parte de las catástrofes son menos naturales de lo que se piensa; segundo, que en todos los lugares donde se han aplicado las mismas políticas (privatización, desregulación, flexibilización laboral, mercantilización) los resultados son similarmente destructivos, aunque de ellos se lucren reducidos grupos de capitalistas de ciertos países. Eso es lo que Naomi Klein ha denominado el capitalismo de la catástrofe.
En idéntica forma podría agregar que si hablamos de una pedagogía de la indignación, habría que aprender de hechos como el antes mencionados, porque ellos son el pan de cada día en todos los continentes, y con más fuerza en países como el mío, Colombia, donde es igualmente problemático que llueva o haga sol, porque o se inunda medio país –y, como siempre, los que más sufren son los pobres y desvalidos- o se generan epidemias y sequías que asolan los campos.
El subtítulo apunta a una de las finalidades de su trabajo, de su voluminoso e inmenso trabajo: “Las transformaciones mundiales y su incidencia en la enseñanza de las Ciencias Sociales”. ¿Es su ensayo, en última instancia, un libro de pedagogía, un libro para instruir con finalidades liberadoras? De hecho, en varios de sus capítulos usted presenta un detallado (e imprescindible) material didáctico para la enseñanza de determinadas temáticas.
RVC: Para realizar esta investigación me he basado en una de las categorías más importantes de Carlos Marx, como lo subraya Georg Lukács, como es la de totalidad. De esta categoría se desprende un método para intentar captar y aprehender los aspectos fundamentales de una determinada realidad. Eso es lo que yo he intentado hacer en este libro y en otros que he escrito, porque pienso que uno de los mayores retrocesos que se ha producido en la investigación social es el abandono de los metarrelatos y de los esfuerzos por comprender problemas estructurales, relacionados con la imposición mundial del capitalismo. Por ello, he intentado aproximarme a la compleja realidad de nuestro tiempo desde una dimensión multidisciplinar, en la que se tratan al mismo tiempo asuntos sociales, económicos, políticos, ambientales, culturales, ideológicos, técnicos y educativos, con todo lo cual no sólo se rompe con las especializaciones fragmentarias, sino que se puede tener una comprensión global de las transformaciones en curso, de su sentido y de las perspectivas políticas que de ello se desprenden.
Ahora bien, aparte de escribir en mis ratos libres, en mi vida profesional siempre me he desempeñado como profesor y he sido, además, enseñante en diferentes niveles, desde la alfabetización de adultos, la educación sindical, pasando por la primaria y culminando en la Universidad. A esta profesión no he llegado por accidente, sino por convicción y me forme y estudie para serlo y para desempeñarla con altura y dignidad. En eso he tratado de ser consecuente durante el cuarto de siglo que llevo ejerciendo la docencia. Además, trabajo en una Universidad monoprofesional, la única en su género en Colombia, que forma docentes. Estas circunstancias inciden de alguna manera en el hecho que, cuando investigo y escribo, siempre estoy pensando en los destinatarios y me preocupo porque los productos intelectuales que generan mis inquietudes puedan ser comprendidos por la mayor cantidad de personas, pero evitando un error que se suele cometer en el ámbito educativo, como es la vulgarización, el esquematismo o el uso de manuales. Estoy convencido que a los estudiantes se les pueden plantear problemas cruciales y se les debe proporcionar material serio, sin caer ni en la super simplificación pero tampoco en la falsa erudición que aleje a la gente de sus problemas reales y cotidianos.
Aunque no soy ni un teórico de la educación ni de la pedagogía, pese a que trabajo en una Universidad Pedagógica, tengo unas preocupaciones permanentes por lo que sucede en el mundo educativo y sobre ello también he escrito algunos ensayos. Entonces lo pedagógico que pudiera tener mi libro está relacionado con el esfuerzo por llevar a estudiantes y docentes unos temas áridos que puedan suscitar interés y cuyo planteamiento sirva para problematizar, dudar y cuestionar con todo lo que pasa a nuestro alrededor y generar una esperanza crítica.

Hacía usted referencia a ello anteriormente pero permítame que insista. En la resolución del jurado se afirma que su obra reivindica la categoría de “totalidad” contra la pretensión postmoderna, para reclamar lo fragmentario y disperso en momentos en que el capitalismo se ha hecho más totalitario que nunca. ¿Dónde reside el interés de esa categoría filosófica? ¿Por qué tiene tanta importancia político-cultural?
RVC: Sin querer ya me adelanté un poco a responder esta pregunta antes de que fuera formulada. Sin embargo, quiero agregar algunas cosas a las señaladas más arriba. Yo parto del punto de vista que el conocimiento, y el conocimiento social, deberían ser útiles, deben servirle a la gente. Cuando hablo de útil, no me refiero a que deba proporcionar ganancia económica o se convierta en un negocio, como pretenden los neoliberales. No, la utilidad que yo reivindico es similar a la que reclama el historiador catalán Josep Fontana, cuando critica todas las modas historiográficas que sólo sirven para ascender en el mundo académico, tener reconocimientos en ese medio y escribir para el resto de la tribu (en ese caso los historiadores). Fontana afirma que el conocimiento histórico debería ser útil para entender nuestro presente, apoyándonos en una comprensión del pasado y en un proyecto de sociedad futura, lo cual en forma específica quiere decir que la crisis civilizatoria que hoy vivimos no puede ser entendida al margen de los proyectos que se delinearon e impusieron en el pasado, entre ellos el del culto acrítico al progreso tecnológico. Por lo tanto, si se quiere proponer otro proyecto de vida, que rompa con la dominación, injusticia y explotación reinante en el mundo, es necesario plantear otro tipo de historia, en la que se incorpore a los vencidos, a las mujeres, a todo el planeta (y no sólo a Europa o los Estados Unidos), a todas las etnias. Esta historiografía tendría, en consecuencia, suma utilidad para afrontar los problemas y retos de nuestro tiempo.
Algo similar, con mucha humildad, es lo que he querido hacer en este libro que comentamos: reivindicar un conocimiento social que pueda ser útil a aquella persona que lo lea, y para ello le presento una visión integral que asuma la categoría de totalidad, no en abstracto, sino en torno a una situación concreta, como es la del capitalismo contemporáneo. Adicionalmente, algunas modas intelectuales de tinte posmoderno han dirigido sus críticas a la idea de totalidad, por considerarla en sí misma totalitaria y en contravía reivindican un conocimiento y un pensamiento fragmentario y débil. Esto se expresa con particular fuerza en los estudios culturales, que no sólo han abjurado de la idea de totalidad sino del análisis de las determinaciones materiales, como si la cultura fuera todo y se pudiera entender al margen de las transformaciones materiales del capitalismo. Estos planteamientos son muy discutibles, y máxime en momentos en que el capitalismo se ha convertido en una totalidad mundial, la cual debería ser comprendida como tal, no sólo para descifrar los mecanismos de la explotación, la discriminación, la desigualdad, el racismo y el sexismo, sino para enfrentarlos y proponer formas de superarlos. Así, la categoría de totalidad tiene implicaciones políticas, porque gran parte del pensamiento posmoderno es conservador y desmovilizador al sostener que la dominación es insuperable y tenemos que resignarnos ante la misma, dado que cualquier proyecto socialista o alternativo fatalmente conduce a pesadillas totalitarias. Al reivindicar lo fragmentario se está renunciando a convertir la teoría en un instrumento de combate político, que apunte a desentrañar las contradicciones del monstruo, como lo diría nuestro José Marti. Para citar otro ejemplo, ¿cómo comprender la política actual de los Estados Unidos, sin acudir a una categoría como la de Imperialismo, que permite examinar la totalidad de aspectos involucrados en esa estrategia de dominación mundial?
Me parece que uno de los pensadores que mejor expresó la importancia de la totalidad, aparte de Marx en su Introducción de 1857, ha sido Wolfgang Goethe, al señalar: “El mundo en su totalidad aparece ante nosotros como un gran bloque de piedra ante un arquitecto, que sólo se merece este nombre cuando consigue de esta masa natural que le ha presentado azarosa un diseño elaborado por su mente con la mayor de las economías y la dota de finalidad y solidez” (J. W. Goethe, Los años de aprendizaje de Wilhem Meister, Editorial Cátedra, Madrid, 2000).
La cita es apropiada desde luego. Y muy hermosa.
Lo es. Valga aclarar, que la idea de totalidad no supone hablar de todo sin ton ni son, sino que implica, como lo dice el escritor que se citó, proponer un diseño razonado y estructurado que permita entender la lógica de una determinada realidad social, en este caso del capitalismo contemporáneo, con sus múltiples determinaciones e influencias.
Para finalizar este punto, en mi libro lo que yo intento es analizar diferentes ámbitos del mundo contemporáneo (económicos, políticos, sociales, culturales, ambientales, técnicos y educativos) pero no como ruedas sueltas o como ejes disciplinarios separados, sino entrelazándolos a partir del dominio avasallador del capitalismo, que ha mercantilizado hasta las cosas más sublimes e impensables (como el amor, los genes o las especies animales).
Insiste usted reiteradamente en llamar a las cosas por su nombre: explotación a la explotación, capitalismo al capitalismo. Pero el nombre de la rosa no es la rosa. ¿Por qué tiene tanta importancia la forma en que designamos las cosas? ¿Qué ganamos o perdemos epistémicamente, incluso políticamente, al hablar, por ejemplo, de conflictos sociales en lugar de hablar de lucha de clases?
RVC: Uno de los grandes éxitos del capitalismo, rubricado en las últimas décadas, se ha dado en el plano de la subjetividad, en el cual le ha infringido una derrota estratégica, desde luego no definitiva, a todos los anticapitalistas del mundo. Y uno de las armas utilizadas en ese terreno ha sido el lenguaje, los conceptos, los nombres de las cosas. Al respecto distintos pensadores y escritores, como Pierre Bourdieu o Eduardo Galeano, han señalado el brusco cambio conceptual que se ha presentado en los últimos tiempos, cuando en la práctica han sido abandonadas la casi totalidad de conceptos y nociones críticas del vocabulario del conocimiento social y de la acción política de izquierda. Podríamos hacer un largo listado, sólo señalemos algunos casos: al capitalismo se le llama economía de mercado, sociedad abierta, sociedad libre y cosas por el estilo; a la dependencia se le denomina interdependencia; a los bombardeos asesinos se les considera daños colaterales; a la perdida de derechos de los trabajadores se le denomina flexibilización; al imperialismo se le llama globalización y así sucesivamente.
Este cambio terminológico no ha sido ni mucho menos casual, ya que responde a una estrategia planeada y calculada de los “tanques pensantes” del capitalismo y para hacerla posible han implementado todo tipo de acciones, valiéndose de los medios de comunicación, de las universidades, de los académicos, de los intelectuales de izquierda conversos y arrepentidos. Por supuesto, que también se han aprovechado de las derrotas políticas de los movimientos antisistémicos.
Este cambio conceptual supone el abandono de la terminología crítica, forjada para entender, confrontar y transformar el capitalismo, cuya esencia no ha desaparecido. Visto así el asunto, el capitalismo y sus voceros no sólo han modificado el lenguaje sino que incluso se han apropiado de parte del vocabulario anticapitalista, como sucede con el término “Revolución”, y por eso hoy este vocablo se utiliza para todo: revolución neoliberal, revolución futbolística, revolución en el automóvil, revolución en el celular etc., para hablar de sucesos que son todo lo contrario, que en lugar de representar algún avance para la humanidad significan un claro retroceso
Las modas intelectuales retoman de manera poco crítica ese lenguaje conformista y ligero que se ha impuesto, y hasta sectores de la izquierda también lo reivindican.
El uso de ese lenguaje nos hace movernos en un mundo de apariencias, de falsas verdades, todo con el prurito, cuando proviene de círculos de izquierda, que no hay que provocar al capitalismo ni hay que ofender a los empresarios o que se debe tolerar y comprender a los Estados Unidos cuando bombardean a un país y mil pamplinas por el estilo.
Contra ese conformismo del lenguaje, hay que recuperar, y es lo que yo intento hacer en mis clases y en mis investigaciones, el lenguaje macizo y consistente de la crítica de la economía política, porque eso no sólo desmitifica la dominación sino que les proporciona instrumentos a la gente, cuando comprende el sentido de esos términos con respecto a su vida cotidiana. Si a los trabajadores no se les dice que están siendo explotados en la fábrica, en la oficina, en los colegios, en los supermercados o donde sea, sino que están viviendo relaciones cordiales con los patrones, poco puede esperarse de ellos para que se rebelen contra el estado de cosas existente en los espacios laborales.
En el sentido mencionado, el lenguaje que se ha impuesto, vía modas intelectuales, es el de la sumisión y el conformismo, propio por lo demás de cierta visión ingenieril de las ciencias sociales, con cierto tufillo tecnocrático.
En cuanto a las transformaciones mundiales, ¿qué cambios en la economía y en la política mundial le parecen más relevantes en estos últimos treinta años?
RVC: Empecemos por los cambios políticos. Sin duda alguna el cambio más espectacular ha sido la desaparición de la Unión Soviética y el desmoronamiento del socialismo burocrático en Europa Oriental. Y eso se percibe no sólo en términos históricos porque ese hecho significó el fin del corto siglo XX, sino porque sus consecuencias se han visto en todos los ámbitos en los últimos veinte años. Este cambio político fue el que posibilitó la mundialización del neoliberalismo, que de ser un proyecto hasta ese momento todavía localizado e incluso cuestionado en varios lugares del mundo, se revitalizó de tal modo que se ha convertido en el dogma dominante en todo el mundo, como no se lo habían imaginado ni los pontífices neoliberales, como Hayek o Friedman. Recordemos que el llamado Consenso de Washington (otro eufemismo) se impone en los momentos en que está muriendo la URSS.
Asimismo, la desaparición de la URSS está relacionada con otro cambio geopolítico notable, como es el fin del Tercer Mundo, porque los países periféricos de todos los continentes (incluyendo a Europa) quedaron sujetos a una pauta única, los planes de ajuste estructural, la subordinación exclusiva al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, el regreso a las economías primaras, la desindustrialización y la competencia desenfrenada entre los países pobres por producir los mismos productos primarios con destino a los mismos compradores del Norte.
Por supuesto, que en el orden político también hay que hacer referencia a otro cambio crucial, pero que no se subraya suficientemente, como es el de la socialdemocracia que se volvió completamente neoliberal y se plegó por completo a la hegemonía mundial de los Estados Unidos, con todas las consecuencias que eso ha tenido, en lo referente a las guerras y agresiones contra el mundo pobre, para mencionar un solo elemento.
En el terreno económico, creo que la principal transformación ha sido la imposición mundial del capitalismo, pues en realidad antes esto era una metáfora, porque no dominaba en China y en otras partes del mundo. Otra transformación económica, asociada a la anterior, es la derrota de los trabajadores y la imposición de viejas y nuevas formas de explotación del trabajo, con un retroceso impresionante en cuanto a sus derechos. Por doquier se ha impuesto la flexibilización, un apodo para denominar la superexplotación de las trabajadoras y trabajadores en todo el planeta, ha recobrado fuerza la esclavitud, se han ampliado las jornadas de trabajo al mismo nivel de la Revolución Industrial en la Inglaterra del siglo XVIII y XIX. Una tercera transformación económica y social es la destrucción de la agricultura campesina, lo que ha traído como consecuencia el crecimiento acelerado de las ciudades, donde campea la miseria y la injusticia. El ataque contra las economías campesinas e indígenas ha puesto en cuestión la soberanía alimenticia de decenas de países en todos los continentes, a partir del criterio que hoy el capitalismo ya no necesita asegurar la reproducción de la fuerza de trabajo, sino que eso corre por cuenta de los propios trabajadores asalariados. Con este presupuesto se combinan la destrucción campesina y la flexibilización en el ámbito laboral.
Otra transformación económica, que a mi particularmente me preocupa sobremanera, es la del tan alabado “milagro chino”, un cambio de repercusión planetaria y que no significa ningún avance significativo, porque se basa en lo que ya había denunciado Marx, en la destrucción de la naturaleza y de los seres humanos. El caso chino está implicando la destrucción acelerada de los ecosistemas, contaminación a granel (algunas de las ciudades más contaminadas del orbe están en China), y una explotación intensiva de hombres, mujeres y niños. Este es un modelo típicamente capitalista, por lo menos en las zonas urbanas e industrializadas de ese país, como se aprecia en la incorporación de los símbolos típicos del capitalismo, empezando por el automóvil. Pekín paso de ser la capital mundial de la bicicleta hace escasos 15 años a convertirse en una urbe con atascos insoportables, por la cantidad de coches que circulan por sus vías. ¡Con esos milagros, para qué catástrofes!
Por lo demás, ¿cómo deberían incidir esos cambios en la enseñanza de las Ciencias Sociales? Y más en concreto, ¿a qué ciencias sociales hace usted referencia especialmente?
RVC: Cuando yo me refiero al impacto de los cambios mundiales en la enseñanza de las ciencias sociales estoy aludiendo no a las ciencias sociales que se investigan sino a las que se enseñan, porque, por desgracia, entre las dos hay diferencias notables. Por un lado, la investigación social especializada produce resultados muy diversos, algunos de ellos importantes en la búsqueda de explicaciones a los problemas reales o amplia el panorama de conocimientos sobre diversos asuntos históricos, espaciales, económicos o culturales. Estos resultados por muy interesantes que puedan ser quedan circunscritos a círculos cerrados de especialistas, pero no llegan a la población escolar, ni siquiera en el plano universitario. Por otro lado, las ciencias sociales escolares (y aquí las incluyo a todas en los diversos niveles escolares) siguen una lógica y una rutina propias, sin ningún nexo con la investigación social y repitiendo incluso cosas que hace décadas ha desvirtuado la investigación.
Sucede en este terreno algo similar a lo que pasa en Estados de la Unión Americana donde se sigue enseñando creacionismo y hay una prohibición abierta de la difusión de la teoría evolucionista y se sigue atacando a Charles Darwin con la misma saña e intolerancia de 1859 y los años siguientes, luego de la publicación de su célebre libro sobre la evolución de las especies. Por eso, en textos escolares que se usan en la enseñanza de las ciencias sociales, todavía se siguen diciendo cosas que no tienen ningún sentido, similares al ejemplo referido de Darwin.
Lo que proponemos en este libro es un acercamiento entre la investigación y la enseñanza de las ciencias sociales, de tal manera que los estudiantes y profesores en ejercicio puedan acercarse al conocimiento de algunos de los problemas del mundo contemporáneo, a través del seguimiento de parte de la bibliografía y documentación que nosotros hemos rescatado. Y en esto quiero nuevamente retomar la propuesta que hace Josep Fontana para la enseñanza de la historia, cuando él sugiere que son historiadores tanto los investigadores como los profesores y que a estos últimos les corresponde un papel de primer orden en la difusión de la historia como conocimiento, porque al fin y al cabo para millones de seres humanos va a ser la única vez en su vida que van a acceder a conocimientos históricos (me refiero, desde luego, a los que reciben en la escuela y en la educación formal). Con más veras, agrega Fontana, debería construirse otro tipo de discurso histórico, depurado de eurocentrismo, machismo y heroísmo, para darle la voz a los vencidos, a los excluidos, a los explotados.
Con estos elementos, retomando de manera directa su pregunta, yo digo que ante la crisis civilizatoria que estamos viviendo, las ciencias sociales escolares deberían cumplir un papel de concientización sobre la dimensión de tal crisis y los probables caminos, construidos entre todos, para superarla. En otros términos, las ciencias sociales escolares deberían cumplir algo así como la función de alfabetizar políticamente a las jóvenes generaciones, con la perspectiva de ayudar a generar otra vez la semilla de la esperanza y de la construcción de un proyecto alternativo. Por supuesto, para hacerlo posible también se requiere que haya un cambio de mentalidad entre los docentes, sometidos como todos los otros trabajadores a la flexibilización laboral, para enfrentar sus propias condiciones de vida y de trabajo y para desarrollar propuestas entre sus estudiantes que ayuden a renovar la enseñanza de las ciencias sociales y también una orientación más política de sus propuestas y reivindicaciones.
¿Y por qué sólo en las ciencias sociales? Esas transformaciones, ¿no deberían afectar también a la enseñanza de las ciencias naturales por ejemplo?
RVC: Aunque no tengo un conocimiento muy profundo de las ciencias naturales lo que puedo decir, en general, es que me parece que las ciencias naturales y su enseñanza también están influidas por los cambios mundiales, por varias razones, algunas de las cuales también afectan a las ciencias sociales. Para comenzar, en los últimos veinte años se han implantado reformas educativas en casi todo el mundo, reformas que no responden al deseo y a la necesidad de cambio de los sistemas educativos para que estos sirvieran mejor a los habitantes del respectivo país y para que ellos fueran más críticos, conscientes o le proporcionaran una formación integral a la gente. En el fondo estas reformas sólo han buscado adecuar los sistemas educativos a los requerimientos del mercado, para que los programas escolares y los estudiantes sólo sirvan como fuerza de trabajo barata y dispuesta a satisfacer las necesidades de las empresas. En este contexto, los saberes en sí mismos, cualquiera que sea su especificidad social o natural, se han devaluado, porque el capitalismo lo que exige es ganancia inmediata y, de una manera obtusa, para los voceros del neoliberalismo educativo y el darwinismo pedagógico (como el Banco Mundial o entidades similares) eso se expresa en las competencias, vistas como habilidades que permitan un mejor posicionamiento en el mundo del trabajo.
En estas condiciones así como para el capitalismo de nuestros días no tiene ningún sentido estudiar filosofía griega o alemana, tampoco lo tiene estudiar matemáticas puras o física quántica en términos teóricos, pues eso en el fondo se considera una perdida de tiempo y un despilfarro de recursos, desde su óptica economicista, que deberían emplearse mejor en adiestrar personal tecnológico para desempeñarse de manera rápida y directa en los procesos productivos.
Un segundo aspecto que subrayaría del impacto de los cambios mundiales sobre las ciencias naturales radica en que en algunos terrenos, como el de la biotecnología, se ha hecho evidente la mercantilización creciente, lo cual afecta de manera directa al mundo, sobre todo a los países más pobres y biodiversos, como Colombia, cuyas selvas y bosques son vistos como un emporio genético, productor de cuantiosas ganancias, sin importar el impacto sobre las sociedades locales. Obviamente, esta cuestión es bastante compleja como para ser reducida a un mecanicismo economicista, pero yo solo suministro un ejemplo, para mostrar como las ciencias naturales también son afectadas por los cambios mundiales.
Para terminar la respuesta a esta pregunta, solo quiero agregar que el asunto de la tecnociencia también daría elementos al respecto, cuando hoy se exaltan las innovaciones técnicas en sí mismas, sin sopesar sus impactos contradictorios y cuando no se tiene en cuenta el principio de precaución en la aplicación de muchas innovaciones que tienen efectos negativos sobre los seres humanos y los ecosistemas, como sucede con cierto tipo de medicamentos.
Resulta curioso, o cuanto menos singular, que use usted en su exposición tantos materiales extraídos de páginas de la red. ¿Cree que estamos ante una Biblioteca universal garantizada y de acceso bastante generalizado?
Respuesta: En todas las investigaciones que yo he realizado siempre me he preocupado por dotarme de una masa documental amplia y consistente, tal vez porque mi formación original y básica, que no he abandonado, ha sido la de historiador. Cuando uno estudia historia se da cuenta de la importancia de las fuentes para sustentar todo lo que dice sobre un determinado proceso de la vida humana en el tiempo. Por esta formación, desde el momento en que inicie mis investigaciones sobre temas no propiamente históricos, he aplicado ese mismo criterio de buscar la mayor cantidad de fuentes, que estén a mi alcance. Por eso, cuando tengo la oportunidad de viajar a algún país me esfuerzo por conseguir literatura sobre los temas que me obsesionan, así no la use de manera inmediata. De esta forma, durante muchos años fui reuniendo un gran acervo bibliográfico de diversa procedencia geográfica, que he tratado de usar en esta obra que comentamos. Sin embargo, creo que más importante que la información, y eso también lo aprendí de la disciplina histórica, es la interpretación, lo cual no puede hacerse sin la teoría.
Ante el hecho evidente que hoy podemos acceder a un cúmulo impresionante de información de toda clase a través de Internet sigo pensando que lo importante no es la información sino la capacidad que tengamos de asumirla y asimilarla críticamente, lo cual tiene que ver con la formación teórica, los intereses y expectativas del que utiliza esa información. En concreto, esa información de Internet la he usado con los criterios antes mencionados, para ampliar la base informativo de mis estudios, aprovechado que por ese medio he podido acceder a documentación que de otra manera, por mis escasos recursos económicos, no podría conseguir. Así, he podido leer prensa y revistas de otros países que, en un medio intelectualmente tan provincial como el colombiano, nunca conseguiría. Repito, sin embargo, que las fuentes que uno encuentra en Internet presentan los mismos problemas que cualquier otra fuente, tales como su grado de veracidad y verosimilitud, la capacidad argumentativa, la coherencia interna, etc. Eso yo lo he tenido en cuenta a la hora de usar la información que he encontrado en la red.
Considerando estos aspectos, no pienso que estemos ante una biblioteca universal garantizada sino sólo ante un medio informativo más que puede usarse como cualquier otro, tomando las precauciones necesarias e indispensables y de acuerdo a nuestros propios criterios, porque no basta tener información si no se sabe que se va a hacer con ella y cuáles son los intereses implícitos en la misma.
Desde de leerle, después de leer los argumentos que usted despliega contra las felonías del capitalismo, las dudas de disipan: este es el peor de los mundos imaginables. Si es así, y usted argumenta con corrección, ¿por qué tiene el capitalismo tanto apoyo social? ¿Por qué tantos ciudadanos, no sólo los más enriquecidos, creen que es un buen sistema económico-social?
RVC: Hay una noción marxista que hoy se suele usar con temor o se emplea poco, porque se tiene miedo de ir contra las tendencias dominantes que afirman que el capitalismo es un sistema natural, eterno, indestructible, el fin de la historia, sinónimo de democracia y libertad… Esa noción es la de ideología, en uno de sus sentidos, que es la de falsa conciencia. Creo que es un aspecto que habría que considerar recordando la vieja máxima de que la ideología dominante en cada época es la de la clase dominante. Creo que eso se ha demostrado en los últimos tiempos cuando, tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS, los voceros del capitalismo afirmaron, Fukuyama entre ellos, que en la práctica se había demostrado la superioridad intrínseca del capitalismo sobre cualquier otro sistema económico y social. Y a partir de ese instante, vía Consenso de Washington, y otras estrategias, entre ellas la primera guerra del Golfo, se ha querido convencer al mundo que el capitalismo es una forma natural de la existencia humana. Se exaltan entonces como atributos naturales, siguiendo a Adam Smith y a otros economistas, la competencia, la sed de ganancias y acumulación, el fetichismo de la mercancía, la soberanía del consumidor, la idea que el capitalismo no tiene límites y todo lo puede conquistar. De esto se han desprendido postulados prácticos, tales como la privatización de los bienes públicos, la exaltación de la competencia exacerbada entre países antes que la solidaridad o la complementariedad, el aumento en las desigualdades sociales, la apología del éxito individual no importa a que costo, etc. Y tiene que operar la ideología, porque no se explica de otra forma que la gente pobre y miserable, empobrecida por el capitalismo y el imperialismo, salga a aplaudir a un genocida como George Bush cuando visita su país.
El capitalismo exalta además, y eso hoy se hace mucho más fácil con la televisión, el consumo como una cualidad humana que ha transformado la máxima cartesiana en una vulgaridad: Consumo luego existo. El consumo es exaltado como uno de los máximos atributos humanos y por eso el capitalismo ha segmentado el consumo, como ninguna otra sociedad lo había hecho. Hay consumo para todas las clases y para todos los sectores sociales. Tenemos, en el bazar planetario, teléfonos móviles o celulares para todos los gustos: para los opulentos, a un costo de miles de dólares, y para los limosneros que no tienen un pedazo de pan para llevarse a la boca pero que portan consigo el infaltable celular. Este hecho ha contribuido a que el capitalismo cree a una persona sumisa, resignada y apegada al consumo, transformando a los seres humanos de sujetos en consumidores hedonistas. Y la gente, por más pobre y humilde que sea, se siente participe de los logros del capitalismo, porque consume a su modo, mercancías, así sean de mala calidad.
Un tercer elemento que yo señalaría ha sido mencionado por un autor que no tiene nada de izquierdista que es Edward Luttwak en un libro titulado Turbocapitalismo. En este libro se dice algo que cuando lo leí me quedo sonando respecto a la pregunta que hace su autor de por qué en los Estados Unidos los pobres casi nunca se rebelan contra los opulentos. El autor responde de una manera lapidaria diciendo que eso se debe a que en Estados Unidos la ideología individualista (el famoso sueño americano) ha calado tan hondo en la conciencia de las gentes, que éstas se sienten culpables de ser pobres, por su supuesta inferioridad que le ha impedido convertirse en triunfadores y millonarios, y por eso no protestan porque no encuentra que ningún sistema los esté oprimiendo o explotando, sino que su situación personal es culpa de ellos mismos. Por ello, la gente se refugia en su soledad para afrontar ese problema y renuncia a cualquier lucha colectiva, cargando su frustración para sí mismos o liberándola de manera destructiva hacia sus semejantes y no hacia sus enemigos de clase, por medio de la delincuencia y comportamientos similares.
Me parece que justamente lo que ha acontecido en los últimos años es que el sueño americano se ha expandido por todo el planeta, y ante la derrota de proyectos alternativos, en buena parte del mundo, porciones significativas de la población piensan efectivamente que la pobreza y la riqueza son resultado de opciones individuales y voluntarias y que puede alcanzarse el éxito sin importar los medios que deban utilizarse para lograrlo.
La educación actual tiende a reforzar este comportamiento individualista, porque desde los primeros años en la escuela se enseña a cada persona a ser competitivo, a no relacionarse con los otros, a desconfiar de todo el mundo, a aplastar al otro sin importar los medios que deban emplearse, a ser el triunfador o el exitoso.
Un último aspecto guarda relación con la imagen que cualquier proyecto socialista o revolucionario que se impulse riñe con la libertad que proporcionaría el capitalismo, entendida como libertad de consumo, así no se tenga cómo satisfacerla. Porque el capitalismo ha difundido la falacia que es sinónimo de democracia y que todos los sistemas diferentes son antidemocráticos. Todas estas tonterías se convierten en un nuevo sentido común, por la carencia de proyectos alternativos, movilizadores, en gran parte del mundo.
¿Cree usted que puede afirmarse que el capitalismo venció en 1989-1991 al socialismo? ¿Cuáles fueron las causas de la caída del socialismo autodenominado real en Europa oriental?
RVC: Estoy convencido que cualquier proyecto anticapitalista de nuestro tiempo tiene que estudiar y examinar con toda la seriedad del caso, intentando liberarse de esquemas preconcebidos de la experiencia socialista y revolucionaria del siglo XX. No creo que tan extraordinaria experiencia pueda despacharse de un plumazo y en forma simple. Ese conocimiento es indispensable, primero, porque forma parte de la tradición revolucionaria, gústenos o no, y, segundo, no puede desconocerse la historia real, no la que está en nuestra cabeza, con todas sus miserias y tragedias, pero también con todos sus logros y conquistas. Siguiendo al ilustre pensador italiano Domenico Losurdo sostengo que con la Revolución Rusa se conquistó un continente (para utilizar la metáfora del descubrimiento de América) nuevo, el de la igualdad. Ese acontecimiento actualizó en el imaginario de la humanidad una cuestión esencial, hasta ese momento poco tenida en cuenta. Ese elemento me parece esencial en la discusión contemporánea, porque hoy ha sido completamente abandonada la lucha por la igualdad, considerando que las experiencias fallidas de las Revoluciones socialistas del siglo XX muestran que no debe buscarse. En cambio se ha impuesto un sentido pragmático de libertad, entendida como libertad de empresa o de consumo, y se da por sentado que es cierto que en el capitalismo si existe la libertad e incluso, como digo en otro lado, se supone que el capitalismo es sinónimo de democracia y que Estados Unidos es el país más democrático del mundo. Para los que conocen la historia de los Estados Unidos, con toda su carga de sangre y horror, es muy difícil aceptar que el uso de las bombas atómicas, el NAPALM, las bombas de uranio empobrecido, puedan ser considerados como símbolos de la democracia y los pueblos bombardeados como una simple expresión de la autocracia. Porque, como es de sobra conocida, un pueblo que oprime a otros no puede ser libre.
He hecho este paréntesis para decir que tenemos que aprender de la experiencia revolucionaria del siglo XX, que movilizó a millones de seres humanos en todo el planeta, muchos de los cuales dieron su vida, luchando por un ideal de justicia, libertad e igualdad. Que los procesos históricos hayan seguido otro curso, como el que se dio en la URSS y en Europa Oriental, este último lugar donde se impuso a la brava el socialismo burocrático, no le quita para nada el merito a todos aquellos que dieron su vida luchando por la revolución.
Y digo que debe estudiarse con seriedad estos procesos revolucionarios, porque la Revolución Rusa rompió la historia de la humanidad e hizo incluso que el capitalismo siguiera otro curso. De no haber sido por esa revolución, no hubiera existido el keynesianismo, ni el Estado de Bienestar y la descolonización hubiera sido más difícil. En otros términos, fue el miedo a la revolución lo que obligó al capitalismo a reformarse, a darse una cara más social, por decirlo en forma coloquial. Por supuesto, cuando pereció la URSS, el capitalismo se ha quitado esa careta que incómodo lució en algunos lugares del mundo (principalmente en ciertos países de Europa occidental y nórdica) para volver a lucir su viejo rostro de sangre y horror.
Como no puede suprimirse esa experiencia revolucionaria, no podemos regresar a 1789 o a otros momentos del siglo XIX, pasando por encima de la experiencia de la lucha por la igualdad que produjo la Revolución Rusa.
Sobre las razones concretas que produjeron el fracaso de lo que yo denomino socialismo histórico, en el libro menciono muy de paso algunos aspectos, como estos: el estado de excepción permanente que se vivió siempre en esos procesos, lo que hizo que se crearan regímenes internos de control de la población, como si siempre se estuviera en tiempo de guerra, con todas las consecuencias nefastas sobre la población; el fortalecimiento desmedido del aparato de Estado, aunque en un principio la revolución hubiera planteado el asunto de la lenta extinción del Estado, con la proliferación de la burocracia; el haber convertido al marxismo no en una guía para la acción, sino en un recetario dogmático que no servia para comprender los verdaderos problemas de esa sociedad; la conversión de la nomenclatura al modelo capitalista, abandonando sus creencias en las posibilidades de una planificación burocrática, para nada democrática ni participativa. Un punto importante que quiero resaltar, y que casi nunca es mencionado, es el siguiente: suele decirse que la URSS fracaso porque no pudo competir económicamente con el capitalismo y que este demostró su superioridad en ese terreno y que, a la larga, las fuerzas productivas tuvieron que zafarse del cascaron burocrático que impedía su desarrollo (un poco interpretando el proceso a la luz del célebre prologo de Marx a su Contribución a la Crítica de la Economía Política) y por eso se transformaron las relaciones de producción. En contravía con este supuesto, sostengo que el gran problema de la URSS y de todos los proyectos socialistas, como se está demostrando en China en este momento, ha sido el de copiar de manera poco crítica y sin mucha originalidad la noción de progreso y la tecnología capitalistas, a partir del falso supuesto que esta tecnología es neutra. Esta concepción impidió que en la URSS se desarrollara otro tipo de valores, socialistas, con respecto a este asunto y que primara la emulación con el capitalismo, en los mismos términos del capitalismo, exaltando la tecnología sin desarrollar otro tipo de tecnología, que no fuera depredadora ni destructora del medio ambiente. Este es un punto crucial, aunque no se le de la suficiente importancia, para criticar lo que hoy pasa en China, que no es ni mucho menos un modelo envidiable y digno de imitar, que está llevando mucho más lejos los errores que se cometieron en la URSS.
En cuanto a la cuestión de si el capitalismo venció en 1989 y 1991 yo creo que sí, pero sobre todo en términos políticos, ideológicos y culturales, porque logró imponerse en el imaginario de gran parte de la humanidad como la única forma de organización social que puede existir, es decir, impuso la idea que no hay alternativas al capitalismo. Pero ese triunfo desde un principio puede considerarse como pírrico, por varias razones: al desaparecer su enemigo histórico real en el siglo XX (la URSS), el capitalismo quedó huérfano, sin tener a quien culpar de sus propias contradicciones y problemas, como se demuestra hoy con la crisis financiera; en la práctica, la lógica capitalista genera todos los problemas mencionados en esta entrevista, pero los amplia a un nivel sin precedentes, precisamente porque abandonó la idea de reforma, porque ya no es necesario reformar nada, ante la desaparición de la URSS. Por eso, ahora se exacerbado la destrucción de los seres humanos, han aumentado las guerras y agresiones contra los países más débiles, hasta el punto que en los últimos veinte años, en contra de lo vaticinado, ha habido más guerras que antes de 1989; en términos reales, el capitalismo amplia la explotación y la injusticia, aunque las encubra con un manto ideológico de confort y prosperidad, y esto genera nuevas rebeliones y estallidos sociales, aunque casi nunca tengan un claro sentido anticapitalista.
El triunfo del capitalismo fue coyuntural, porque esta relación social es contradictoria y genera continuamente protestas entre los oprimidos. Estos en algunos lugares del mundo, como en nuestra América, están fundiendo sus propias experiencias con la recuperación de un ideal socialista y emancipador, así no se tenga muy claro cómo se caracteriza y cómo se desenvuelve, pero lo único cierto es que en América Latina, a diferencia de Europa Oriental, el marxismo intenta fundir lo propio, nuestra historia y cultura, con el pensamiento emancipatorio universal. Y esto es algo en lo que deberían fijarse con cuidado los revolucionarios de Europa y el resto del mundo.
¿Cuba sigue siendo para usted una esperanza?
RVC: Cuba sigue siendo no sólo una esperanza sino una realidad, que se mantiene a pesar de medio siglo de bloqueo criminal por parte de los Estados Unidos. Es bueno examinar este hecho, y preguntar ¿qué otro país del mundo se hubiera mantenido independiente y soberano como lo ha hecho Cuba en medio de tan terrible bloqueo? Además, a la luz de los cambios experimentados en la URSS, Europa Oriental, China o Vietnam, donde han desaparecido los logros sociales, en materia de educación, salud, cultura, deporte y recreación y se han impuesto los valores propios del capitalismo, que Cuba mantenga un igualitario sistema educativo y sanitario es un gran logro, máxime si lo comparamos con lo que pasa en el resto del continente latinoamericano.
Es vergonzoso lo que se ha hecho en países como Argentina, Chile, Perú o Colombia con respecto a la educación, a salud y la cultura, convertidas en mercancías costosas, explotadas por capitalistas locales o por multinacionales de los Estados Unidos o de Europa. Esto ha significado la privatización de los sistemas públicos, el regalo de las empresas estatales al capital privado y el aumento de la pobreza, la ignorancia, el hambre y la enfermedad. No es sino recorrer cualquier ciudad latinoamericano para ver como viven los niños en las calles, abandonados y humillados, y cómo viven los niños en las ciudades y pueblos de Cuba.
Pero el proceso cubano, en medio de dificultades y problemas, tiene un aporte significativo, rubricado en estos 50 años de revolución, que se refleja en su resistencia inquebrantable contra la agresión criminal de los Estados Unidos y sus socios europeos y en el esfuerzo de construir otro tipo de sociedad, fraternal y solidaria, que no se basa en el culto al consumo y que, en medio de las privaciones, es alegre y festiva.
En un anterior ensayo, hablaba usted de los economistas neoliberales. Los llamaba “nuevos criminales de guerra”. No es frecuente una afirmación así. Suele hablarse del sistema, de las consecuencias de las políticas gubernamentales, de errores en las decisiones, pero nunca se personalizan los daños ni se lanzas acusaciones contra los responsables de esas políticas. ¿Cómo justifica usted palabras tan directas y nítidas? Un economista neoliberal, que defiende, por ejemplo, la completa liberalización del comercio exterior mexicano o colombiano, por ejemplo, es un criminal en su opinión
RVC: Bueno lo que yo digo en el libro que usted comenta está inscrito en un contexto analítico bastante amplio y sin el cual la afirmación señalada quedaría suelta. Ese contexto, de manera muy resumida, es este: entiendo eso que se llama globalización como una guerra en todos los frentes librada por el capital mundial contra los trabajadores y pobres del planeta. Esta guerra ha buscado, y lo ha conseguido, la reestructuración del trabajo a favor del capital, la libre movilización del capital hacia donde se encuentra trabajo, barato y abundante, la erradicación de todo tipo de conquistas y derechos de los pobres, la transformación del Estado en un ente favorable a la competencia económica que ya no regula los factores nacionales (como moneda, comercio, inversión extranjera o trabajo) sino que acude más que nunca a la represión y al control social. En pocas palabras, para usar un lenguaje hoy proscrito, la lucha de clases en estos momentos se hace de arriba hacia abajo y favorece al capital.
En esa guerra social que es la globalización hay estrategas, ideólogos, y ejecutores. Entre los primeros, estrategas e ideólogos, sobresalen los economistas neoliberales que desde sus relucientes oficinas planean las maniobras que se van a librar en el terreno, esto es, indican donde se debe aplicar un plan de ajuste estructural, dónde se debe privatizar, cuando hay que cerrar un hospital público o vender una universidad estatal, etc. Esas decisiones suelen presentarse como determinaciones técnicas, por lo demás ineluctables, que favorecerían incluso a los que van a ser víctimas de tales políticas. Quienes ejecutan en la práctica esas políticas neoliberales son los gobiernos, muchos de cuyos presidentes o ministros hacen parte de esa cofradía neoliberal. En tal perspectiva, los economistas neoliberales son criminales de guerra, porque no son los que disparan, esto no siempre es una metáfora por desgracia, de manera directa sino los que dice a quiénes, cómo y cuándo se debe disparar contra los trabajadores y los pobres del mundo.
Un ejemplo ilustra esto que estoy diciendo. Cuando se presentó el huracán Katrina, Milton Friedman, que tenía 93 años, aplaudió el carácter destructivo del huracán, porque había logrado lo que las propuestas neoliberales no habían conseguido durante décadas: debilitar al sindicato de enseñantes que se había negado a aceptar la privatización de las escuelas públicas de Nueva Orleans. Pues apenas ocurrió el huracán, Friedman escribió el que sería su último artículo agradeciendo que se hubiera presentado y que tuviera el efecto de posibilitar la privatización de gran parte del sistema educativo del Estado y, además, le permitiera deshacerse de sindicalistas incómodos, que no dejan funcionar armónicamente al libre mercado y recomendaba que no había que perder la oportunidad que brindaba el Katrina para emprender esas “reformas” en el sistema educativo, lo cual finalmente se hizo. Este es un ejemplo del carácter criminal de Friedman, cuyo prontuario, como se ha demostrado en numerosas investigaciones, tiene en su haber el sustento de los Chicagos Boys en el Chile de Pinochet, entre otros sonados crímenes.
Quiero esto decir, que tras la catástrofe que ha significado para América Latina, África, Europa Oriental la imposición brutal del capitalismo se encuentran personajes de carne y hueso, y no entes abstractos, detrás de cuya accionar hay millones de muertos, como producto, para señalar un caso, de la privatización de los sistemas de salud o de la imposición de la agricultura de exportación.
La actual crisis económica cuya dimensiones cada vez parecen más agigantadas, ¿es la bancarrota definitiva de la ideología neoliberal? ¿Qué cambios cree usted que se efectuarán, si es el caso, en el modo de funcionamiento del sistema económico mundial? ¿Estamos entonando los cánticos de la lucha final?
RVC: Me parece que la crisis actual si marca un punto de quiebre de la ideología y del proyecto del neoliberalismo, pero ni mucho menos significa el fin del capitalismo. Al respecto vale hacer algunas precisiones históricas: desde que el capitalismo existe ha necesitado del Estado, pues sin éste nunca hubiera existido. De tal manera que lo que se ha visto a través del tiempo, son distintos tipos de Estado, pasando por el de Bienestar, hasta desembocar en el Estado neoliberal, en el cual nos encontramos. Que este tipo de Estado sea abandonado o reconstruido no significa para nada que el capitalismo vaya a desaparecer. En segundo término, ya se está viendo en Estados Unidos y la Unión Europea, que para evitar la bancarrota total de la economía el Estado ha ido al rescate de los bancos, de los inversionistas hipotecarios o de la industria automovilista, con lo que se muestra que en el futuro inmediato el Estado va a tener una mayor intervención económica con respecto al período neoliberal. Sin embargo, ante la inexistencia de un proyecto anticapitalista, y de sujetos que lo encarnen, la crisis del capitalismo no significara su fin, pues este no se logra mediante un derrumbe automático, sino que deber ser resultado de la acción colectiva y consciente de sujetos sociales.
La crisis actual tiene, a mi modo de ver, un elemento importante que no puede desestimarse, puesto que de ella va a salir seriamente resentida la hegemonía de los Estados Unidos, que se había recuperado tras la disolución de la URSS. Y esto es importante porque muestra los límites económicos de esa hegemonía, que va a quedar reducida por algún tiempo a un plano puramente militar, y el dólar va a salir más debilitado que nunca. En estos días, por ejemplo, se anuncia que en secreto la Reserva Federal de los Estados Unidos emitió 600 mil millones de dólares, una cifra impresionante, sin ningún respaldo. Esto tarde o temprano va a incidir en el dólar, porque lo único claro es que es un papel sin ningún valor real, completamente depreciado.
Esta debilidad de los Estados Unidos va a posibilitar que en distintos lugares del mundo, como en algunos países de América Latina, sus acciones criminales tengan menos posibilidad de operar con la misma intensidad del pasado y con el mismo apoyo, sin que eso signifique que van a desaparecer.
¿Qué papel ha jugado y sigue jugando la teología de liberación en Latinoamérica?
RVC: La teología de la liberación ha sido una construcción discursiva y un proyecto práctico de transformación social, gestada aquí en América Latina. Es sabido que ese cristianismo de los pobres se originó en la década de 1960, directamente influido por la revolución cubana. Desde entonces, sacerdotes y monjas se fundieron con las sectores más pobres de la sociedad, formando las comunidades eclesiales de base, que difundieron otro mensaje evangélico que señala la necesidad de luchar en la tierra para tener una vida más digna y humana y eso supone enfrentar a los ricos y privilegiados. Uno de los soportes teóricos de la teología de la liberación ha sido, por supuesto, el marxismo.
El compromiso indoblegable de muchos de los teólogos de la liberación los convirtió en enemigos del Vaticano y de las fuerzas capitalistas e imperialistas, incluyendo en ellas a las jerarquías eclesiásticas, aliadas incondicionales de las clases dominantes o que hacen parte de ellas. El compromiso real de esos teólogos llevó a que muchos de ellos fueran torturados, perseguidos y asesinados y que otros fueran perseguidos por el Vaticano.
Esa política represiva golpeó fuertemente a este sector popular de la iglesia y aunque se encuentre también debilitada en algunas regiones de América Latina sigue teniendo influencia y participando en propuestas educativas y sociales a favor de la mayoría pobre del continente.
Este año, nuevamente, recordamos a Chile y la Unidad Popular. 35 años después de la muerte de Allende, déjeme hacerle una pregunta incómoda. ¿No fue muy ingenuo el compañero Presidente? ¿Cómo pudo creer que una clase social iba a suicidarse por la simple voluntad democrática de los pueblos y de las gentes más desfavorecidas? ¿No era esperable una reacción criminal como la que se produjo?
RVC: Salvador Allende confiaba en su proyecto de una transición pacífica al socialismo y fue consecuente con esta propuesta, hasta el punto que dio su vida, al comprender que se había equivocado, al subestimar a las fuerzas del capitalismo y del imperialismo, que no iban a dejar que una propuesta tan novedosa, de raigambre obrera y popular se impusiera, y ellos se quedaran quietos. En ese sentido, la experiencia de Chile es aleccionadora sobre el verdadero sentido que la democracia tiene para el capitalismo: cuando ésta no le sirve porque moviliza a fuerzas antisistémicas, no importa destruirla y eso fue lo que allí se hizo, porque hay que decir, que una cosa era la democracia en Chile hasta la época de la Unidad Popular y otra muy distinta la actual, que es una democracia neoliberal, si pudiera usarse esta expresión contradictoria. Lo de Chile demuestra que el capitalismo cree en el sistema electoral hasta cuando le es funcional a sus intereses, y cuando no le sirve es el primero en desecharlo. Y esto es importante y de actualidad, con referencia a los casos de Venezuela, Ecuador y Bolivia, pero sobre todo al primer país, donde no se escatima esfuerzo en mentir, como lo hace El País de España o prestigiosos periódicos de los Estados Unidos, que desconocen los triunfos democráticos, en las urnas, del gobierno legitimo y legal de Hugo Chávez. Ya hasta un famoso periódico de Estados Unidos afirmó que Chávez sólo podría ser reelegido si había fraude, como supuestamente ha sucedido en el pasado. La leyenda del fraude es lo que menos opera en Venezuela, como se demuestra con una decena de elecciones, en una de las cuales perdió el gobierno venezolano actual.
Esto es bueno contrastarlo con el caso del gobierno colombiano actual, profundamente ilegal e ilegitimo, y sobre el cual sin embargo se reparten bendiciones por la prensa mundial, como si aquí no hubiera un régimen de terror y de crimen generalizado. Adicionalmente, en términos puramente electorales en las dos elecciones presidenciales en que ganó Álvaro Uribe Vélez se hizo en forma fraudulenta: en 2002, los asesinos paramilitares, obligaron a la gente a votar por su candidato y recurrieron al fraude de casi medio millón de votos en la Costa Atlántica, con lo cual éste ganó en forma directa en la primera vuelta; en 2006, se reformó la constitución mediante la compra de los votos de los parlamentarios y el cohecho, un delito por el que está detenida la congresista que dio el voto definitivo para la aprobación de la reelección, y a la cual el propio Uribe le ofreció puestos y prebendas.
Sobre este transparente sistema electoral colombiano, nada se dice en el exterior, lo cual es un buen ejemplo de la idea de democracia que ahora se ha impuesto.
Aunque algo se deduce de sus últimas palabras, ¿qué opinión le merecen los actuales procesos de cambio en Venezuela, en Ecuador, en Bolivia, acaso en Paraguay? ¿Los igualada con los caminos emprendidos en Brasil, Chile y Uruguay? Hay gentes que piensan que no es una cuestión de argumentos ni de razones. Usted arguye sin errores, no comete falacias, el capitalismo es eso y mucho más. De acuerdo. Pero, ¿qué podemos hacer? El poder de la reacción imperial es infinito. No hay posibilidad de una resistencia efectiva. Lo sucedido en Ecuador o Venezuela ha sido fruto del azar y el Imperio acecha babeante de sangre. No hay esperanza. ¿Qué podría decir usted ante esta línea argumentativa?
RVC: Evidentemente no es una cuestión sólo de argumentos ni de razones, aunque la lucha de clases también se da en el plano teórico, y es un terreno que tampoco podemos abandonar, si tenemos en cuenta que sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario. Y en el terreno teórico también hemos sufrido una derrota histórica, al renunciar no sólo a instrumentos conceptuales y analíticos indispensables para analizar el capitalismo, sino en haber aceptado que la renuncia a esos instrumentos haría del capitalismo un sistema menos agresivo y criminal, como si se tratara de una cuestión de buena voluntad. Es obvio, que ninguna teoría en sí misma sirve para mucho, si no prende de las masas, las cuales con su accionar diario marcan caminos no sólo de tipo práctico sino también de tipo teórico.
En tal sentido, lo que está pasando en algunos lugares de América Latina es muy interesante, porque sectores sociales comúnmente despreciados, como las sociedades indígenas, en Bolivia, Ecuador y en Colombia han encabezado la resistencia y la rebelión contra el neoliberalismo y el librecambismo, al tiempo que, hurgando en sus tradiciones ancestrales, reviven formas organizativas y políticas para proyectar otras formas de organización social, ligadas al peso que en esas sociedades tiene la comunidad.
Además, esto se ha dado de la forma más inesperada, lo que indica que las acciones anticapitalistas no tienen un guión predeterminado ni programado, sino que responden a la misma forma como se desenvuelve la lucha de clases en cada país en concreto. Me refiero al caso de Venezuela, un lugar donde nadie esperaba que se diera un proceso tan llamativo como el que allí se esta generando y menos que esté fuera dirigido por un antiguo militar. De la misma manera, después de la terrible represión que ejercieron los gobiernos corruptos y neoliberales de Bolivia contra la empobrecida población de este país, pocos daban un peso por lo que pudieran hacer indígenas, cocaleros, mineros y habitantes pobres de las ciudades, como El Alto. Pero he aquí que esos sectores han librado una lucha permanente contra el neoliberalismo, al cual han logrado revertir, y en algunos sectores se esboza una propuesta anticapitalista, que recoge lo propio de la cultura y de la tradición del mundo andino, con un gran peso de la colectividad.
Opino que a estos procesos no hay que restarles importancia, pese a todas las dificultades y obstáculos que enfrentan a su paso, porque eso si las clases dominantes y el imperialismo no están dormidos, sino que todos los días actúan, desinforman, sabotean o asesinan.
A mi parecer habría que diferenciar los casos de Brasil, Uruguay y Chile que no han hecho nada interesante, distinto a lo que habían hecho los neoliberales. No se distinguen por haber roto con las políticas iniciadas por las dictaduras o por separarse de las jerarquías eclesiásticas y comprometerse con la transformación social y por la superación de la desigualdad. Han adoptado un lenguaje neoliberal de austeridad, de pago cumplido de la deuda externa, e incluso han impulsado acuerdos y tratados de libre comercio con los Estados Unidos. Yo diría que esa es la última fase del neoliberalismo, que podríamos llamar el neoliberalismo disfrazado, para presentarse como “progre”. Por eso, todos estos regimenes son tan aplaudidos por Estados Unidos, España o la Unión Europea. Nunca encontramos en los medios de comunicación globales una crítica a Lula, Tabaré Vázquez o la Bachelet. Siempre son presentados como presidentes pragmáticos, no extremistas y que reconocen las virtudes de mantener relaciones cordiales con el capital imperialista y sus instituciones.
Diferente es la cuestión de Ecuador, Bolivia y Venezuela, objeto del odio de clase de los capitalistas de sus países y de los voceros del imperialismo, porque han realizado acciones, algunas de ellas bastante tímidas, que tocan a uno u otro interés capitalista.
El tratamiento especial que hace la prensa internacional de estos tres países, con todo tipo de infundíos y calumnias, es un claro ejemplo de que allí hay algo diferente a lo que sucede en Brasil, Chile y Uruguay.
Ahora con respecto a que mucha gente piense que nada puede hacerse para enfrentar al capitalismo, yo supongo que eso es propio de la mentalidad sumisa y conformista que de verdad cree que el capitalismo es el fin de la historia y que contra él nada se puede hacer. Un ejemplo histórico ayudaría a desmentir esta falacia: en América se reimplantó la esclavitud luego de la conquista realizada por las huestes de Colón y la esclavitud duró casi cuatro siglos. Cuando los esclavos se rebelaban aparte de que se les mutilaba, torturaba y asesinaba, se les decía que no intentaran liberarse porque la esclavitud era una relación natural, y contra ella nada podía hacerse. Pero los esclavos de origen africano, a pesar de la violencia y de la ideología de la sumisión, se siguieron rebelando, durante siglos, hasta que finalmente desapareció la esclavitud.
¿Qué han representado, en su opinión, los gobiernos de Uribe en estos últimos años en la política latinoamericana y mundial?
RVC: En los últimos años en la vida colombiana se ha entronizado un régimen lumpenesco, ligado al narcotráfico, a la delincuencia y a los asesinos paramilitares, con el obvio beneplácito de ese conjunto de delincuentes que se llaman a sí mismos “comunidad internacional”, entre los cuales están el gobierno de Estados Unidos y el reino de España. Lo que se ha dado en los últimos años es la llegada a las altas esferas del poder de la mezcla ente el viejo régimen de la hacienda y de los grandes propietarios territoriales, con el capital financiero, el narcotráfico y sus paramilitares. Es a esto a lo que se le ha querido dar legitimación ideológica y cultural, porque cuenta con el aval de los medios de comunicación, que aplauden todas las acciones criminales y delincuenciales que se presentan en este país. Esto cuenta con el respaldo de los Estados Unidos, quien suministra, vía Plan Colombia y otras “ayudas” dos millones de dólares diarios para mantener la guerra interna que se vive en Colombia. Por eso el gobierno colombiano ha querido convertirse en una especie de Israel de Sudamérica, para fungir como portaviones terrestre de los Estados Unidos, en su intento de desestabilizar, sabotear y agredir a países como Venezuela, Bolivia y Ecuador. Las clases dominantes de Colombia para mantener sus privilegios y no repartir ni un céntimo de sus riquezas ni una hectárea de tierra, han reafirmado sus vínculos criminales con los Estados Unidos, para mantener una guerra que ya dura 60 años contra los campesinos y pobres de Colombia.
El régimen colombiano es hoy por hoy uno de los más terroristas del planeta, lo cual se expresa para darle una cifra indicativa en que aquí se asesinan cada año centenas de sindicalistas, profesores, defensores de derechos humanos, líderes populares, indígenas, campesinos y pobres en general. Al respecto el mundo entero debería estar cuestionando a un régimen que reconoce que el ejército ha matado a unas 2000 personas, sacadas de sus casas y presentadas como guerrilleros muertos en combate. Esto es lo que en los eufemismos que usa el régimen se han llamado “falsos positivos”, un apodo para disfrazar los crímenes cometidos por el ejército colombiano. Si en Grecia los estudiantes llevan casi un mes protestando, con justa razón, por el asesinato de un joven por la policía griega, ¿por qué no se dice nada ni se protesta por el asesinato de miles de colombianos por las fuerzas armadas? Eso forma parte de la complicidad de importantes porciones de la sociedad colombiana con esa política criminal que se autodenomina “seguridad democrática” y que es respaldada por la “comunidad internacional” por que le brinda todo tipo de beneficios a las inversiones extranjeras.
Ese régimen delincuencial adelanta además una política neoliberal extrema, de privatización de todas las empresas del Estado, de flexibilización laboral y de una reducción criminal del gasto público para mantener un tren de guerra irracional, que hace que Colombia sea en la actualidad uno de los países más militarizados del mundo, que destina un 6.5% del PIB a mantener una parasitaria economía de guerra y un ejercito de 450 mil hombres, es decir, un aparato de muerte, como se ha evidenciado con el asesinato de miles de colombianos, por el solo hecho de ser pobres.
Este modelo colombiano lo podemos llamar algo así como el narconeoliberalismo paramilitar, en donde se han juntado narcotraficantes, terratenientes, paramilitares, banqueros, para feriar los recursos naturales del país y permitir que Colombia sea un peón incondicional de los Estados Unidos, para instaurar una economía rentista. Tales son algunos de los logros del capitalismo lumpenesco erigido en Colombia en los últimos seis años.
Dejémoslo aquí si le parece. Gracias por sus respuestas, por su generosidad y felicidades por un Premio muy merecido que no por simple azar se llama Libertador. Esta vez sí el nombre hace a la cosa. Y no olvide,, no es necesario que se lo comente, que en Barcelona y entre sus gentes tiene también su casa. Algunos amigos recuerdan muy bien su visita a nuestra ciudad hace años, visita que, significativamente, coincidió con la celebración de nuestro día de la República.
Gracias, muchas gracias. Y hasta la victoria siempre.